Deseos Internos III: Capítulo XXXIV
Ya la vez anterior vimos cómo le estaba yendo a Johanna con su nueva vida. Ahora, un mes después, nuestra pelirroja favorita (o la segunda favorita, según para quién xD) recibe una visita de Sharon y Flo. ¿Cómo se tomarán nuestras amigas el cambio de actitud de la austríaca? La respuesta, en este capítulo :)
34.
Mientras comían, no podía evitar echarle miradas de vez en cuando. Sólo había pasado un mes, pero había cambiado. Johanna nunca había sido la clase de chica que lleva maquillaje todos los días. Su ropa normalmente era bastante sencilla: tejanos y camiseta o jersey en invierno, vestidos en verano y pantalones ajustados y un top bonito para salir. Ahora tenía los labios pintados de un tono muy oscuro de rojo, y probablemente hubiera gastado todo un lápiz de ojos. Su camisa tenía tanto escote que entendía por qué incluso a Flo le costaba no mirar. No era que su joven amiga no estuviera preciosa, pero le parecía un poco excesivo para el sitio. El comedor universitario no era precisamente bonito, con sus paredes pintadas de gris y esas sillas tan incómodas. Había tanto ruido que no era fácil mantener una conversación sin levantar la voz y había que hacer malabares para no estrellarte contra alguien que corría en el sentido opuesto mientras llevabas la bandeja.
-Esto se ve un poco grasiento -la expresión de recelo con la que Flo studio su filete lo decía todo.
-Sí, hay que acostumbrarse, pero está rico -respondió Johanna.
-Creía que no comías carne -la giganta alzó una ceja.
La pelirroja se encogió de hombros con una sonrisa despreocupada.
-No mucho. Es decir, nunca me ha apasionado, pero aquí no hay mucho más donde elegir. En serio, no está tan mal.
-¿Y por qué no cocinas tú misma? -preguntó Sharon, que llevaba un rato en silencio.
-¡Por favor! Como si no tuviera mejores cosas que hacer que pasarme el día en la cocina -rió Johanna- No, gracias, prefiero vivir la vida.
Sharon frunció el ceño. No sólo había cambiado físicamente, sino también su forma de hablar. Parecía una adolescente rebelde. Cuando vivían juntas, Johanna era quien cocinaba la mayoría de las veces, y era por voluntad propia. Le gustaba y además estaba un poco obsesionada con la comida sana, cosa que Sharon había aprendido a adorar. La antigua Johanna seguramente se habría asqueado al ver esos filetes que nadaban en aceite. De hecho, por el rabillo del ojo vio que Flo acababa de rendirse y apartar el plato.
-¿Qué tal te han idol as clases? -la más alta intentó entablar conversación.
-Hoy no he ido.
La forma en la que dijo la frase, sin el más mínimo sentimiento de culpa, hizo que Sharon levantase la vista de la comida. Conocía a poca gente tan responsible como su autoproclamada hermanita.
-¿Por qué? -quiso saber la morena.
-Tenía una resaca de mil demonios -la austríaca señaló a su hamburguesa- De hecho, éste es mi desayuno.
Al otro lado de la mesa, la pareja intercambió una mirada. Sin decir una palabra, estaba claro que ambas habían pensado lo mismo. Sin embargo, algo distrajo la atención de Johanna antes de que hablasen. Siguieron su mirada y vieron a un chico que saludó con la mano al pasar junto a ellas. Johanna le devolvió el gesto y, en cuanto estuvo lo suficientemente alejado, se echó a reír.
-¡Oh, dios! ¡Qué incómodo!
Al ver la expresión de perplejidad de sus amigas, sonrió y explicó:
-Nos liamos la semana pasada en una fiesta.
-Ah, entiendo -Flo hizo un gesto de dolor- ¿No salió bien?
-No, estuvo bien. El problema es que me acosté con su compañero de piso anoche.
Flo casi escupió el agua que estaba bebiendo. Sharon se sentía plenamente identificada, pues a ella le había impactado igual escuchar eso. ¿Cómo podía haber cambiado tanto su amiga en tan poco tiempo? Johanna siempre era muy cuidadosa eligiendo sus parejas. Salvo un fin de año en el que había bebido demasiado y terminado en la cama con Adrian, causa de su primera pelea en la vida, Johanna nunca habría tenido un rollo de una noche, y menos con un extraño.
A la más joven le cambió la cara. ¿Se lo estaría imaginando, o es que sus amigas la miraban de forma muy crítica?
-¿Qué pasa? -preguntó.
Sharon permaneció en silencio. Al inspirar, trató de buscar una forma más sutil de decirlo. No quería ponerse en plan madre ni ofender a su amiga. Sin embargo, Flo se adelantó. Y, por desgracia para las tres, no era tan diplomática.
-¡Vaya! Pareces muy orgullosa de tu... zorrería...
Su novia se volvió y le lanzó una mirada significativa. Johanna, por su parte, se encogió de hombros y jugó con una mecha suelta.
-Bueno... yo no lo llamaría zorrería. No estoy saliendo con nadie ahora mismo, así que no estoy siendo infiel ni haciendo daño a nadie.
-Lo que quiere decir Flo -intervino Sharon para quitarle hierro- Es que quizás no sea buena idea ir tan a lo loco. Confiar en los desconocidos siempre trae problemas.
-No soy tonta -Johanna se irguió en la silla, a la defensiva- Uso protección, si te refieres a eso.
-No, no me refiero a eso -dijo la holandesa- Por supuesto, me alegra que cuides tu cuerpo, es importante. ¿Pero no crees que esto podría darte problemas en la vida social o en los estudios? Emborracharse un martes por la noche y saltarse las clases del día siguiente...
-En primer lugar, ¿no eres tú la que siempre dice que no debe importarme lo que piensen los demás de mí? -la pelirroja le lanzó una mirada asesina- Y hacer novillos un día no es para tanto. Los estudios no lo son todo. También me gustaría tener una vida.
En cuanto oyó aquella frase, Flo se mordió el labio. La culpabilidad se apoderó de ella. Eso no era lo que quería decir cuando recomendó a Johanna comportarse de una forma más acorde con su edad. Ya se había sentido mal al oír que había roto con Marco, pero ahora se maldecía a sí misma aún más. Por muy melodramático que sonase, Johanna parecía decidida a tirar por la borda años de trabajo y renunciar a un futuro prometedor sólo por unos momentos de diversión, y no precisamente de la más sana.
-¿En serio? ¿A eso le llamas vivir la vida? -saltó de repente- ¿Montártelo con un idiota distinto cada noche?
Ofendida, Johanna parpadeó unas cuantas veces, lo cual dejaba ver aún más la cantidad excesiva de rímel que llevaba. Una risilla amarga brotó de su garganta.
-¡Genial! ¿Quién te crees que eres? ¿Mi madre? Para tu información, puede que muriera hace mucho tiempo, pero sé cuidarme sola.
-Pues se te da muy bien fingir lo contrario...
Notó que Sharon le apoyaba la mano en el regazo para pedirle que parase. Pero no podía. No cuando sentía que ella era la causa de todo.
-¡Oh, dios mío! -incluso a la holandesa le extrañó oír a su amiga usar esa expresión- ¿Qué parte de "No soy tonta" es la que no entiendes? Me conozco a mí misma y sé lo que hago. ¿Qué es lo peor que puede pasar?
-Flo sólo intenta ayudarte -dijo Sharon suavemente- Por supuesto, tú eres la única persona que tiene derecho a decidir sobre tu vida. Nosotros sólo podemos darte nuestra opinión y esperar que hagas lo correcto.
La austríaca entornó los ojos.
-¿Estás diciendo que no crees que vaya a hacer lo correcto? ¿Así es como me ves? ¿Una niña pequeña que no sabe qué hacer con su vida?
No parecía darse cuenta de que había alzado la voz. Algunas cabezas empezaban a volverse hacia ellas, y Sharon deseaba que se la tragase la tierra. La neerlandesa mantuvo la vista fija en el plato, jugando con el tenedor. Empezó a murmurar algo, pero Johanna interrumpió.
-En serio, ¿qué pasa con vosotras? ¡No os he pedido opinión! ¡Creía que erais mis amigas!
Lanzó los cubiertos contra la bandeja violentamente y se puso en pie. Ante las miradas interrogantes de otros, sus dos amigas decidieron seguirla al exterior del edificio. Cuando la alcanzaron, estaba encendiendo un cigarrillo. Flo sintió que se le rompía el corazón al verla fumar. ¿Cómo podía caer tan bajo? De todos modos, era culpa suya, lo cual empeoraba aún más las cosas.
-¿Desde cuándo fumas? -exclamó Sharon.
Johanna alzó las cejas y la miró por encima del hombro.
-¿Qué? ¿También vas a echarme la bronca por eso?
La morena suspiró. Sabía que las cosas no acabarían bien y que sería inútil decir algo. Apartó la vista de su amiga e intentó recordar dónde había dejado el coche.
-Lo siento -susurró sin ningún contacto visual, y se encaminó hacia el aparcamiento que se extendía ante ellas.
Flo dudó un momento. Estaba lista para seguir a Sharon, pero algo la reconcomía. Miró una vez más a la pelirroja y sacó un trozo de papel de su bolso para dárselo. Johanna miró alternativamente a la nota y a su amiga.
-¿Qué es esto?
-Mi número de teléfono -contestó la giganta- Mira, Johanna, siento haber sido tan borde antes, pero de veras quiero ayudarte -en su voz se notaba verdadera preocupación.
-No necesito ayuda de nadie -replicó la austríaca- Estoy bien.
-De todas formas, quédatelo, ¿vale? -insistió Flo- Si alguna vez necesitas hablar con alguien, llámame.
La menor resopló; para alivio de Flo, aun así, aceptó el papel y se lo metió en el bolsillo de los pantalones cortos. Asintió en señal de despedida, mientras escuchaba de fondo la voz de Sharon que la llamaba.
3, feb | 2 comentarios lowlands En: El Maravilloso Mundo de la Ficción compártelo Tags: deseos internos, rpf, fanfiction, angst, romance

2 comentarios
Floo y sus arrebatos de ira xddd. Creo que exageró algo. Sí, es extraño ver a Johanna comportándose de aquella manera cuando nunca había sido así, pero siempre he pensado que es mejor aprender cayéndose. Lo importante es estar ahí cuando Johanna se de cuenta de que su "nueva" vida es un error, que ella en verdad no es así... y que Marco era el amor de su vida xdddd y que nunca tuvo que dejarlo ir porque él es genial! :P
Jajaja, Marlene, adoro tu amor por Marco xD La verdad es que sí que era un tipo genial y Johanna no debería haberlo dejado escapar.
En cuanto a Flo, sí es cierto que a veces es un poco drástica. De todas formas, lo bueno de ella es precisamente eso: a pesar del ataque de ira, ha ido después a pedirle perdón a Johanna y a ofrecerle su ayuda si la necesita.
No diré nada más, pero creo que para ciertas cosas eres un poco "visionaria" xDDD Saludos, y siento haber tardado tanto en responder!
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