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La Coctelera

De nómada y estudiante desesperada a artista en progreso

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Deseos Internos III: Capítulo XXXII

Y por último antes de irme de vacaciones de Navidad, aquí dejo el Capítulo 32 de Deseos Internos III. Hasta aquí he escrito de momento. Quedan aproximadamente unos 9 capítulos para terminar esta entrega, aunque el número puede variar según cómo de largos o de cortos salgan.

En cuanto a lo que vais a ver a continuación, primero disfrutaremos con uno de los dúos más queridos de la saga: Tarja y Angela. Nos encontraremos con que la morena se trae algo importante entre manos. Por otro lado, Johanna y Marco van a reencontrarse por fin después de tanto tiempo (!!!) Puede que el final os deje algo impactados, pero aun así espero que lo disfrutéis.

 

32.

 

-Hmm... aceite para masajes. Yo lo añadiría a la lista -sugirió Angela.
Tarja asintió para mostrar que estaba de acuerdo y tomó nota en un trozo de papel. Echó un vistazo a su lista de la compra de nuevo.
-La decoración está lista -murmuró- También tengo todo lo que necesito para el postre, velas aromáticas para el baño, aceite de masajes... ¡Ah, espera! ¡Se me olvidaba el queso! Creo que las quiches de espinacas estarán más ricas con salsa de queso.
-Me parecería una delicia si no fuera alérgica a las espinacas -comentó Angela con una media sonrisa burlona.
La finlandesa la golpeó en el brazo, juguetona, y arrancó la hoja de papel. Su amiga y vecina apoyó el codo en la mesa.
-¿Y cuál es el motivo? -preguntó mientras miraba alternativamente a la lista y a la mujer de ojos verdes.
-Seis meses juntas -contestó la morena.
-¿No lo celebráis siempre por todo lo alto sea el mes que sea?
-Esta vez va a ser aún más especial.
Antes de que Angela tuviera ocasión de interrogarla, Tarja ya se había levantado. Sacó uno de los libros de una estantería del salón y tanteó en el hueco hasta que encontró lo que buscaba. Después, volvió a colocar el libro en su sitio y le llevó la caja a Angela. La rubia alzó una ceja.
-¿Qué es eso?
En vez de decir una palabra, la finesa abrió la cajita. Los ojos azules de su amiga duplicaron su tamaño al verlo: un precioso anillo de oro.
-¡Oh dios mío! ¿Es en serio? -exclamó.
-Totalmente -asintió Tarja.
Una vez recuperada del shock inicial, Angela tragó saliva. Proponer matrimonio a alguien estaba bastante arriba en la lista de cosas que no se esperaba de la finlandesa, precedida sólo por acostarse con un hombre y volverse a Finlandia.
-Vaya... ¿no es un poco pronto, de todas formas? -preguntó- Sólo lleváis seis meses saliendo...
-Bueno, la primera vez estuvimos juntas casi un año -replicó Tarja al cerrar la cajita- Así que técnicamente no es tan pronto. Además, Liv y yo estamos muy enamoradas y nos conocemos bien. Así que creo que es bastante oportuno.
-Espero no parecer una aguafiestas, pero... ¿sabes que el matrimonio homosexual aquí no es legal, verdad?
-¡Estúpida Angela! ¡Claro que lo sé! -soltó una risilla- Es más como un símbolo, ¿sabes? Quiero decirle que quiero pasar el resto de mi vida con ella. Si no, siempre podemos pasar unos días en Connecticut -añadió con una sonrisita.
-Estoy empezando a plantearme seriamente si estás poseída o algo así -fue la reacción de Angela- ¿Estás segura de todo esto? Es tan... poco propio de ti.
-Sé que parece precipitado, pero creo que nadie me había hecho sentir tan segura. ¿Conoces esa especie de química instantánea cuando entiendes perfectamente a la otra persona con una simple mirada? ¿O cuando tienes la sensación de que ni siquiera el abrazo más fuerte es lo suficiente para sentirte cerca de ella?
-La única química que conozco es la que hay entre un botellín de cerveza y yo -bromeó la rubia.
Con los ojos en blanco, Tarja comprendió la indirecta y se dirigió a la cocina. Ella también tenía sed, así que no era una mala idea.
-Por cierto, ¿cómo te volviste tan ñoña? -se rió Angela mientras la seguía- Si esta chica te está lavando el cerebro, de veras creo que deberías replanteártelo.
-Idiota -la finesa entornó los ojos y cerró la nevera con un golpe de cadera- Eso no era ñoño, sino romántico -le entregó la botella a Angela- Y lo entenderías si alguna vez te permitieras ir a una segunda cita con alguien.
Con la parte inferior de la espalda apoyada contra una de las encimeras, la abogada le dedicó una sonrisa despreocupada. Bebió un sorbo de cerveza antes de defenderse.
-Oye, yo soy romántica. Sé que en una relación hay mucho más que sexo. También hay cenas gratis, regalos y la posibilidad de más sexo.
A duras penas fue capaz de terminar la frase sin echarse a reír. Tarja sacudió la cabeza y volvió al salón.
-Sabes que no lo decía en serio -Angela sonrió al sentarse de nuevo a la mesa en la que estaban- Creo que Liv es un encanto, así que si estás convencida, tenéis mi bendición. Sólo quería asegurarme de que no te estabas lanzando de cabeza.
-Gracias por preocuparte tanto.
-Nah, no te caeré tan bien cuando te empiece a mandar fotos de tailandesas buenorras para enseñarte lo que te estás perdiendo -le tomó el pelo la rubia.
Al ver el ceño fruncido de la finesa, que mostraba su confusión, Angela decidió explicarlo con más detalles. Se colocó unas ondas rubias detrás de la oreja.
-Ya sabes que estoy de vacaciones el mes que viene, y justo hoy me he comprado los billetes.
-Ah, ¿entonces este año toca Tailandia?
-Sí. Turismo sexual, ¡allá voy! -la abogada sonrió- Lástima que no puedas venir conmigo porque has decidido adoptar la monogamia.
-Me vas a tocar los huevos con esto toda mi vida, ¿verdad? -Tarja puso los ojos en blanco de broma y tomó un trago.
-Nop, sólo una semana más. Me voy el sábado que viene. Luego te librarás de mí durante un mes. Pero quiero que me cuentes todos los detalles de tu noche especial con Liv. Y si decides celebrar la boda al final, espero que no lo hagas sin mí.

No podía creerlo, pero había conseguido llegar en menos de diez minutos. De hecho, había conducido tan rápido que casi tuvo un accidente. Por suerte, el único efecto secundario de su emoción fue que unos cuantos le enseñaran el dedo.
Al fin, después de un mes entero sin saber de ella, al fin había recibido una llamada de Johanna. Marco no cabía en sí de alegría, no sólo porque se notaba mucho que estaba mejor, sino porque quería verlo. Así que nada más colgar, se fue directo al coche para ir a casa de Sharon, deseoso de ver a su chica.
Mientras echaba un vistazo al espejo retrovisor, se dio cuenta de que estaba sonriendo involuntariamente. En su mente, no podía dejar de imaginar cómo se desarrollaría todo. Seguramente lo saludaría con un abrazo y le pediría perdón por no haber llamado. Él le diría que entendía que lo había estado pasando fatal. Después le diría que lo echaba de menos y se besarían. Tras ponerse al día brevemente, iría a la habitación de invitados a recoger sus cosas para volver juntos a casa. Una vez allí, ninguno de los dos podría resistir la alegría del reencuentro y terminarían haciendo el amor apasionadamente, y se dirían lo mucho que se querían tras el clímax final. Luego se dormirían juntos, como en los viejos tiempos.
Se bajó del coche con el corazón acelerado. Ella estaba al otro lado de aquella puerta de madera. Ya podía ver su sonrisa y aquellos ojos verdes que lo miraban con amor. Emocionado, llamó al timbre. No tuvo que esperar ni tres segundos antes de que ella misma le abriera. Estaba claro que lo había estado esperando.
-¡Hola! -dijo ella.
-¡Hola! -respondió él con una gran sonrisa.
Y como había predicho, se abrazaron con fuerte. Al notar cómo le apoyaba la cabeza en el hombro, no pudo evitar sentir su aroma. Olía tan deliciosa como siempre.
Marco se alejó lentamente para darle un tierno beso. No obstante, la chica giró la cara, aparentemente en el último segundo. Él frunció el ceño. ¿Ocurriría algo?
-Sentémonos -dijo ella alegremente al tiempo que le tomaba la mano y lo guiaba hacia el sofá.
El sueco la siguió. A pesar de estar muy desconcertado por su reacción, no hizo ninguna pregunta. Asintió suavemente para demostrarle que estaba escuchando, y que podía empezar.
-Te he echado mucho de menos -comenzó ella, lo cual le arrancó una sonrisa- Siento no haberte llamado desde que me vine aquí, pero no quería hablarte hasta estar recuperada del todo. Al fin y al cabo, tú también has estado pasando por lo mismo, y lo último que necesitabas era oírme hablar del tema.
-No, no pasa nada. Te entiendo -repuso- Yo también te he echado de menos.
Entrelazó sus dedos con los de ella, con mucha ternura. Johanna no reaccionó ante el gesto. Se limitó a observar las manos y tragó saliva.
-Me alegra que estés mejor -Marco le estrujó la mano.
-Yo también.
Seguía con la vista fija en sus manos, pero su expresión tenía algo de triste. Lentamente, Marco le soltó la mano; se empezaba a preguntar si habría hecho algo malo. La chica habló antes de que pudiera decir nada.
-He estado pensando mucho en mi vida, Marco: en lo que quiero hacer, en lo que me hace feliz, en nosotros... Con todo lo que ha pasado últimamente, me he dado cuenta de que necesito algunos cambios.
Sintió que se le aceleraba el pulso. ¿Cambios? Eso no sonaba bien...
-No voy a volver a casa -prosiguió- Pero tampoco me voy a quedar aquí. Creo que necesito ser independiente. Verás, Cristina y tú sois adultos, así que siempre tengo la sensación de que cuidáis de mí. Es hora de estar en un sitio en el que nadie me proteja de cometer errores ni de vivir experiencias nuevas.
Respiró hondo. Marco entrecerró sus ojos azules, confuso. ¿De qué hablaba? Él siempre le había dado total libertad para hacer lo que quisiera.
-Creo que necesito estar con gente de mi edad. Este último año hemos hecho vida de casados. No he tenido la oportunidad de hacer nada alocado ni inmaduro en mucho tiempo. Por eso, he decidido mudarme a uno de los apartamentos del campus. Quiero saber cómo se vive con otros estudiantes.
Marco no podía creer lo que oía. En su mente, no tenía sentido. Puede que le llevase 19 años a Johanna, pero siempre se habían entendido a la perfección. A menudo decía que prefería a la gente mayor que ella en lugar de a sus compañeros, por ejemplo. ¿Por qué ese cambio de opinión? ¿Qué diferencia habría?
-¿Por qué? -quiso saber.
-Sé que suena raro -esta vez fue ella quien le tomó de las manos con una sonrisa reconfortante- Pero toda esta historia me ha abierto los ojos. Casi me convierto en madre, Marco. He estado a punto de dejar mi juventud atrás demasiado temprano. Eso me ha hecho pensar en lo que me podría estar perdiendo -le miró profundamente a los ojos- No es por ti. Eres el mejor hombre que he conocido y atesoraré todos los momentos que hemos pasado juntos. Sólo es que necesito explorar. La vida es demasiado corta para saltarse partes. Por supuesto, seguiremos siendo muy buenos amigos...
Así que estaba rompiendo con él. Parte de él se sentía como si lo hubieran apuñalado y estuviera sangrando. No obstante, no podía enfadarse con ella. Mientras procesaba todo lo que le había dicho, se dio cuenta de que la comprendía. Al fin y al cabo, tenía razón. Una joven estudiante en un país extranjero debería estar por ahí divirtiéndose con sus amigos, no relacionándose con un grupo de personas que ya habían pasado por todo lo que le podría resultar nuevo. Le dolía mucho dejarla marchar, pero tenía que hacerlo, por mucho que la quisiera.
-Te entiendo -asintió con seriedad, sin una sola muestra de dolor en su tranquilo rostro- Supongo que esto es un adiós...
-No es un adiós -corrigió ella- Como te he dicho, nuestra amistad es muy importante para mí, y no quiero perderla. Nos veremos antes de lo que imaginas.
-De acuerdo. Hasta pronto, entonces.
Sonriente, lo atrajo hacia sí y le dio un abrazo amistoso. Dijera lo que dijera, para él seguía pareciendo un adiós, así que hizo un esfuerzo sobrehumano por no perderse en su aroma esta vez. Se ha acabado, le decía una voz en su cabeza. Pronto se separó del abrazo, pues sabía que no sería buena idea quedarse en sus brazos más de lo necesario. Los amigos no hacen eso.
-Espero que te guste tu nuevo hogar -le dijo antes de salir por la puerta- Te deseo lo mejor.
-Yo también te deseo lo mejor -repitió ella- Nos vemos, Marco.
Se despidió de ella con la mano al salir. Ni enfado, ni drama, ni una sola mala reacción. Cabizbajo, se volvió al coche, sin dejar de mantener la calma en todo momento. Sólo mostró su dolor una vez dentro. Hundió la cara en el volante con los ojos muy cerrados. No hubo lágrimas, al menos no en el exterior. Suspiró con tristeza y abrió la guantera para echar una mirada a la cajita que escondía allí. ¿¡En qué diablos estaba pensando!? Sabía que sólo le haría sentir peor, así que dejó de mirar y lo cerró de nuevo antes de ponerse en marcha.
Cristina acababa de colgar la pancarta cuando oyó sonido de llaves en la puerta. Qué oportuna, pensó para sí misma sonriente. Bajó de un salto de la silla a la que se había subido, lista para gritar "¡Sorpresa!" al verlos entrar... Pero toda su emoción desapareció al verlo. Marco estaba sólo, no había rastro de Johanna. Además, enseguida supo que algo no iba bien. Y la confirmación le llegó al ver cómo se le ponían vidriosos los ojos al fijarse en la frase que colgaba por encima de ellos: "¡Bienvenida de nuevo, Johanna!" Lo interrogó con la mirada, y él se limitó a sacudir la cabeza.
-¡Lo siento mucho, Marco! -hizo un gesto de dolor.
Rápidamente, se volvió a subir a la silla y retiró la pancarta. El sueco se sentó en el sofá, destrozado.
-¿Qué te ha dicho? -preguntó Cristina con cuidado mientras se unía a él.
Antes de responder, respiró hondo, como si no tuviera energía para contar la historia. Al hablar, lo hizo con un hilo de voz, casi sin emoción. Aquello le dio escalofríos, pues era una clara señal de que estaba a punto de derrumbarse.
-Necesita espacio -narró- Se va a vivir al campus porque quiere estar con gente joven y explorar otras formas de vida.
-Ohh, entiendo -la italiana le acarició el brazo, amistosa- Supongo que necesitará un cambio de aires para olvidarlo todo.
-Eso es exactamente lo que ha dicho...
Siguió con la vista al frente y los brazos cruzados. A Cristina le pareció que intentaba protegerse. Dudó de si hacer la siguiente pregunta o no.
-¿Cómo te sientes?
Al fin, se volvió para verla. Su expresión no mostraba sentimiento alguno, pero estaba claro que por dentro estaba muy abatido.
-Supongo que debí imaginármelo -se limitó a decir- Después de todo el dolor que le he causado...
-No digas eso. Nada de eso fue culpa tuya. No la dejaste embarazada a propósito, ¿o sí?
-Lo sé -el rubio suspiró- Aun así, debí haber sabido que no duraría. Una chica joven y guapa, tan inteligente como ella, no debe estar con un transportista cuarentón y regordete.
-No te infravalores -Cristina frunció el entrecejo- Eres un hombre muy atractivo, y no eres ningún camionero estúpido, Marco. Sabes mucho del mundo porque has viajado y has experimentado muchas cosas por ti mismo.
-Eso no significa nada. Era demasiado buena para mí.
-¡No te atrevas a decir eso! -en ese momento, se dio cuenta de que el estereotipo de que los italianos son muy fogosos era verdad, a juzgar por el lenguaje corporal de Cristina y por lo alto que hablaba, apasionada- Johanna me cae muy bien, pero créeme, ella es la que sale perdiendo. Podrías aportarle muchísimo más que cualquier niñato de su edad, y seguro que lo hiciste. Seguramente sólo esté confusa y necesite tiempo para aclararse. No te culpes.
-Aun así, no pude darle apoyo cuando más me necesitaba...
Una lágrima solitaria acababa de empezar a caer por su mejilla. El corazón de Cristina se derritió al verla. Perder a su hijo y a la mujer a la que amaba en apenas dos meses... Quería abrazarlo, decirle que nada de eso era culpa suya.
-Hiciste lo que podías.
-Y no fue suficiente -suspiró él- No intentes animarme, Cristina. Fui un estúpido por creer que las cosas funcionarían entre nosotros. Tenemos necesidades diferentes -se volvió para mirarla, y el tono rojizo de su cara casi le hizo llorar- ¿Quieres saber algo ridículo? Le compré un anillo. Iba a pedirle que se casara conmigo en el coche una vez hubiéramos metido sus cosas en el maletero. De hecho, iba a pedirle matrimonio después del viaje, pero decidí dejarlo para más adelante por lo del aborto. Pensé que no era el momento adecuado. ¡Pues claro que no lo era! ¡Ni lo será!
Siempre había sabido que él quería a Johanna, pero no se dio cuenta de cuánto la amaba hasta ese momento. Aunque entendía por qué la chica necesitaba alejarse, si hubiera estado allí, le hubiera gritado por romperle el corazón a ese pobre hombre.
-Eso no es ridículo -murmuró- Yo creo que es muy bonito. Sinceramente, Johanna no sabe lo que ha dejado escapar. Muchas mujeres morirían por tener a alguien como tú.
-¿Un llorón idiota desesperado por hacer las cosas antes de que sea demasiado tarde? -dijo él con una sonrisa irónica.
-No. Un hombre sensible y cariñoso que haría cualquier cosa para que la mujer a la que ama se sienta especial. Ah, y por si te lo preguntabas, no lo digo por animarte. Realmente te veo así, Marco.
Por un momento, el sueco pareció olvidar el dolor. Entrecerró los ojos en y miró a Cristina; no con enfado, sino como examinándola. Ella no se sintió intimidada en absoluto; mantuvo el contacto visual, y le dedicó una sonrisa que no supo descifrar. De repente, la vio bajo una nueva luz. Como un imán, su cara se fue acercando más y más a la de ella, y resultó ser mutuo. Y aquel fue el primero beso que se dieron, pero no sería el último...

23, dic | 2 comentarios Posteado por: lowlands En: El Maravilloso Mundo de la Ficción compártelo Tags: deseos internos, rpf, fanfiction, angst, romance

2 comentarios

Marlene 23 dic 2011 | 02:56 AM

:OOOOOO yo sabía que algo así iba a pasar, pero nunca me imaginé que Johanna terminaría con Marco primero xdd.
Creo que Cristina con él se entienden mejor. Dicen que para el amor no hay edad, pero claramente alguien con más años está en otra etapa de su vida, por lo que busca otras cosas.

ahora, sobre la otra pareja mencionada hoy... QUIEN ES Y QUE HIZO CON KOSKELA! xdd Espero que eso que esconde Liv no sea algo muy gordo como para matar la relación (y/o la pedida de matrimonio de Tarja)

PD: me encanta Angela <3

lowlands 23 dic 2011 | 01:32 PM

Jajaja, quieres decir que ya te esperabas que hubiera algo entre Marco y Cristina? Curioso... Y veo que has captado bastante bien el problema. Johanna considera que Marco ya ha vivido muchas cosas que para ella serían nuevas, y por eso no pueden descubrir el mundo juntos. De todas formas, tarde o temprano Johanna se dará cuenta de que es una tontería...

xDDDD Sí, eso pensó todo el mundo al leer lo de la proposición de matrimonio de Koskela. En cuanto a Liv, sabremos qué le pasa en el próximo capítulo. Ah, y Angela es uno de los personajes que más suelen gustar :D

Saludos y gracias por comentar!

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