Deseos Internos III: Capítulo XXXI
Llevo tiempo sin actualizar, así que espero que aún recordéis dónde lo dejamos ;) Continuamos con la trama central de esta tercera entrega: la historia de Marco y Johanna. En este caso, le toca de nuevo a ella, y sabremos cómo va evolucionando.
31.
El cielo aún era de un naranja fuerte, casi rojo. Era muy temprano y el aire frío le pinchaba las partes descubiertas de su cuerpo. Pero pronto entraría en calor. Johanna intentó recordar cuándo había salido a correr por última vez. Le gustaba hacerlo un par de veces por semana, pero entre el embarazo y la depresión, se había visto obligada a parar.
Se acordaba de que había sido un par de semanas después de su cumpleaños, a mediados de la primavera. No hacía mucho calor, así que había salido a correr por la tarde. Sin embargo, el fuerte calor veraniego había hecho que Flo y ella tuvieran que escoger una hora diferente: ¡no llegaba ni a las nueve de la mañana! Antes de estirar las piernas, Johanna no pudo reprimir un bostezo.
-Dime si te cansas mucho, ¿de acuerdo? -le dijo Flo.
La pelirroja asintió y ambas se pusieron en marcha. Pronto, la más alta le sacó unos metros de ventaja. Al escuchar de refilón la música fuerte y agresiva que provenía del iPod de Flo, no le pareció sorprendente que fuera tan rápido. La giganta se detuvo un poco después y se volvió hacia ella con una sonrisa avergonzada.
-Perdón, no estoy acostumbrada a hacer esto con compañía -explicó- Normalmente lo que hago es correr lo más rápido que puedo y ver cuánto tiempo aguanto. Pero intentaré seguir tu ritmo.
-No, no pasa nada. Puedes seguir a lo tuyo -dijo Johanna- Antes corría más rápido, pero ya sabes, estoy un poco desentrenada...
-Es normal. Cuesta un poco volver a acostumbrarse.
Nada más decirlo, Flo apagó el iPod, enrolló el cable de los auriculares y se lo guardó en el bolsillo.
-Vamos juntas. A mí no me cuesta nada.
No quería que Johanna se sintiera agobiada ni inferior. Pero aparte de eso, creyó que podría ser un buen momento para charlar con la joven. La pelirroja parecía estar mejorando. Ahora que empezaba a ser ella misma, tenía ganas de conocerla.
Ambas dieron un par de vueltas juntas. Tenían todo el parque para ellas solas, pues probablemente casi nadie estaría aún levantando en un día de verano tan ocioso. Tras no haber hecho ejercicio en varias semanas, además de la conversación, Johanna enseguida se quedó sin aliento. Se disculpó y se sentó en un banco mientras Flo continuaba un rato más, esta vez a su ritmo y con música. Su coleta castaña daba bandazos de un lado a otro. Johanna no pudo reprimir una sonrisa al verla, pensando en qué banda sonora la acompañaba. Se la imaginaba perfectamente haciendo headbanging en algún concierto.
Flo decidió parar después de unas cuatro vueltas más. Se la veía cansada pero satisfecha, como si aquello le sirviera para quitarse el estrés. Tenía la cara tan colorada que era casi morada, y aquello tenía un extraño en canto.
-Vale, estoy lista -anunció sin aliento- ¿Y si vamos dando un paseo hasta casa?
-Vale -Johanna asintió y se puso en pie.
El día se había vuelto más cálido y ya no estaban solas en la zona. La ciudad parecía empezar a despertarse. Flo se secó el sudor de debajo del flequillo y dio un trago a su botellita de agua.
-Si te digo la verdad, yo también llevo un tiempo sin salir a correr -confesó- Las cosas han estado muy movidas últimamente, así que apenas he tenido tiempo. Lo necesitaba.
-Sí, es curioso cómo estas cosas te hacen sentir libre -comentó Johanna- Yo voy mucho al gimnasio durante el curso. Me ayuda mucho a relajarme.
-¿Qué haces?
-Hmm... principalmente spinning o aerobic, pero también me gusta bailar.
-¡Puaj, bailar! -Flo hizo una mueca- ¡Ni me lo nombres! Fui bailarina cuando tenía... bueno, un par de años menos que tú, y lo odiaba.
-Sí, ya me lo contó Sharon. De hecho, me enseñó fotos vuestras.
-¡Dios, no! -no se sabía si Flo se había sonrojado o no, pues aún tenía la cara colorada, pero estaba claro que estaba avergonzada.
-¡Venga ya, no estabas tan mal! -sonrió Johanna- Teníais pinta de frescas, pero tú tienes un cuerpo para lucir.
-Esa ropa me quedaba fatal, si es que se la puede llamar ropa. Es que no me queda nada bien. Ya me siento rara cuando llevo vestidos normales...
-Sí, bueno, yo también llevo vestidos muy a menudo. Sólo en verano. Cuando voy a trabajar o a clase, prefiero estar cómoda.
-Te entiendo. Yo siento que no soy yo misma cuando llevo vestidos y faldas, ¿sabes? He intentado ser femenina, pero está claro que no valgo para ello.
Johanna miró a Flo de arriba a abajo. Incluso con camiseta y pantalones cortos resultaba atractiva.
-A mí no me pareces nada masculina -dijo- De hecho, es una estupidez pensar que las mujeres tienen que llevar maquillaje todos los días y...
Johanna dejó la frase sin terminar. A unos pocos metros de ellas, una mujer paseaba a su bebé en un cochecito. Era joven, quizás como máximo cinco años mayor que ella. Como hipnotizada, clavó la mirada en el bebé. Era un niño perfecto y sano. Los siguió con la vista al pasar junto a ellos. El tiempo se paró. Como un eco en su cabeza, oía a Flo decir algo, pero no entendía lo que decía. De repente, se echó a llorar.
-Lo siento -sorbió con la nariz.
A primera vista, Flo no sabía qué mosca le había picado a su joven compañera. Después vio a la madre que se alejaba y lo entendió de inmediato. Había conocido a muchos deprimidos antes y sabía que en determinadas fases les afecta hasta lo más mínimo. Suavemente, guió a Johanna a un banco cercano. Antes de hablar o de tocarla, le dejó algo de espacio y un momento para llorar todo lo que necesitase.
-Lo siento... no... puedo evitarlo -dijo entre hipos.
-No pasa nada -Flo le colocó un brazo en la espalda para consolarla.
-Ojalá pudiera ser ella...
-¿Pero por qué?
La pelirroja frunció el ceño. No parecía entender lo que quería decir Flo con eso. De hecho, daba la impresión de que estuviera ofendida.
-Tiene un niño precioso. La mía murió. ¿Cómo no voy a estar celosa?
A Flo le costó enormemente reprimir un resoplido. Se consideraba una persona sensible y comprensiva. No obstante, aquello era demasiado para ella.
-Bueno... ¿tal vez porque tienes una vida?
Los ojos verdes de la joven se convirtieron en signos de interrogación.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Mira, Johanna, sé que perder a alguien querido es un gran trauma. Pero parece que no has escuchado nada de lo que te he dicho -suspiró- No es el fin del mundo. Entiendo que aún te estás recuperando, así que todo parece recordarte lo que pasó. Pero por favor, hay mucho más que eso en la vida. Podría darte mil razones para ser feliz, y estoy segura de que son muchas más que las que tienes para estar triste.
-Es que tú no lo entiendes -protestó la austríaca- ¿Te ha pasado algo así alguna vez? ¡Entonces no intentes darme consejos!
Flo puso los ojos en blanco. Era una mujer paciente, pero su necesidad de ayudar a los que le importaban era demasiado fuerte. Además, pocas cosas le molestaban tanto como que aquellos a los que quería ayudar rechazasen sus esfuerzos.
-¿No se te ha ocurrido que a lo mejor no era el momento adecuado? -estalló.
-No existen momentos adecuados ni inadecuados -replicó Johanna débilmente.
-En serio, Johanna, ¿de verdad querrías renunciar a todo lo que te ha costado tanto trabajo toda tu vida por un accidente?
Su interlocutora se deslizó hacia el lado contrario del banco, impactada por sus palabras. Flo se soltó el pelo y respiró hondo antes de continuar. Había un motivo por el que ese tema en particular le afectaba tanto. Sin embargo, decidió tranquilizarse para explicarlo de forma coherente.
-¿Te he hablado alguna vez de mi mejor amiga de la infancia? -preguntó con más suavidad. Johanna sacudió la cabeza- Se llamaba Alissa. Era una chica genial: siempre sacaba dieces, era guapa, buena amiga, divertida... Cuando teníamos diecisiete años, empezó a salir con un chico... Ya no me acuerdo de cómo se llamaba. El caso es que unos meses después de empezar con él, se quedó embarazada. Su familia era bastante conservadora, así que decidió casarse con él y tener el bebé. No pudo graduarse porque su hijo nació en mitad del semestre y le costaba mucho llevar los estudios al día y cuidarlo. Su marido también tuvo que dejar de estudiar y empezó a trabajar. No nos vimos durante unos meses, pero parecían felices, así que no me preocupé. Después, como un año después, me llamó llorando en mitad de la noche. Al parecer, su novio no soportaba más la presión y habían roto. Así que estaba sola con un niño, sin trabajo y sin dinero a los dieciocho. Mis padres dejaron que se quedasen con nosotros un par de semanas, y luego se fue a vivir con sus padres hasta que su hijo empezó el colegio -la giganta hizo una pausa y miró de nuevo a Johanna- Antes de que le pasase todo esto, quería estudiar Medicina en Nueva York. Seguramente le habrían dado beca porque era un cerebro. En lugar de eso, tuvo que conformarse con un trabajo como el de Sharon y un piso pequeño para ella y su hijo en el pueblo para no estar lejos de sus padres por si necesitaba algo.
-Pero eso no me habría pasado a mí -repuso la austríaca- Marco estaba deseando tener un hijo. Me habría ayudado.
-No tengo ninguna duda de que así sería. Lo que quiero decir es que tener un hijo demasiado joven puede arruinarte la vida. Un bebé es una gran responsabilidad. ¿Tienes una idea de lo que te perderías si tuvieras uno?
-Bueno, tener un buen trabajo no lo es todo...
-No me refiero sólo a lo profesional -contradijo Flo- Te hablo de salir con tus amigos, aprender cosas nuevas, viajar... Por ejemplo, aunque Alissa dejase a su hijo con sus padres, casi nunca quería ir de fiesta con nosotras porque sabía que al día siguiente estaría demasiado cansada. Eso la acabó aislando del grupo de amigas. Ahora imagínate que hubieras tenido el bebé. Habrías estado todo el tiempo en casa, escribiendo la tesis o cuidándolo. Durante un año, apenas verías a tus amigos aparte de Marco y Cristina mientras siguiera viviendo con vosotros. Por supuesto, Sharon y yo habríamos hecho de canguros encantadas si nos necesitases, al igual que todos los demás. De todos modos, tu vida giraría en torno a tu hijo. A lo mejor en vez de ser guía de museo, como tú querías, tendrías que ser profesora de Arte porque el horario te conviene más o simplemente porque necesitas el dinero. A lo mejor no podrías hacer noches de cine con Sharon los viernes porque al día siguiente tienes que llevar a tu hijo a jugar a fútbol y Marco está fuera el fin de semana.
-Siempre hay que sacrificar cosas por las personas a las que quieres -Johanna se encogió de hombros.
-Cielo, ¿tienes idea de cuántas cosas vas a tener que sacrificar en la vida? -Flo le tomó las manos. En sus ojos había una chispa apasionada- ¡Ya tendrás tiempo cuando seas mayor! ¿Por qué no intentas disfrutar de tu juventud mientras puedes? Sharon siempre habla de lo madura y responsable que eres. Eso es algo muy bueno, pero no exageres, ¿vale? Sólo tienes veintiuno, ¡no vivas como si tuvieras cuarenta!
-¡No vivo como si tuviera cuarenta! -frunció el ceño.
-¿Ah, no? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste de fiesta con tus amigos hasta el amanecer? ¿O cuánto tiempo hace que no vas de viaje sólo por diversión? Puedes ver esta pérdida como una situación horrible y deprimente o como una segunda oportunidad. Es el momento de disfrutar de tu libertad y hacer todo lo que siempre te ha apetecido. Si de verdad quieres tener hijos, ya lo harás cuando llegue el momento. Hasta entonces... ¡vive la vida!
22, dic | 2 comentarios lowlands En: El Maravilloso Mundo de la Ficción compártelo Tags: deseos internos, rpf, fanfiction, angst, romance

2 comentarios
akwjak ni me acordaba que Flo había sido bailarina! xdd. Tan apasionada que es para defender sus argumentos *-* (ahora que leí el capitulo qu viene despues, ya no sé que tan bueno sea que Flor le haya dicho todo esto. Pero ayer yo decía que era bueno que alguien le dijera que tenía que vivir su vida acorde a su edad, y que perder un hijo no es el fin del mundo xdd) eso xd
Ya, la verdad es que es difícil imaginar a Flo siendo bailarina xD Y te entiendo perfectamente. Al principio, piensas "Vale, es un poco demasiado directa, pero qué bien que Flo al fin le haya dicho a Johanna que no debe estar triste por algo así". Sin embargo, al ver el siguiente capítulo, piensas "Maldita Flo! Por qué tuvo que decirle eso?!" xDDD
Gracias por comentar! ^^
Escribe un comentario