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La Coctelera

De nómada y estudiante desesperada a artista en progreso

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Deseos Internos III: Capítulo XXX

Por desgracia, los misterios del capítulo anterior no se resolverán en éste :P Ahora le toca el turno a Marco. Imagino que querréis saber cómo lleva nuestro sueco favorito lo de perder a su hijo y además estar temporalmente separado de su amor... lo bueno de todo es que va a encontrar un apoyo muy importante.

 

30.

 

Al notar que los tacones se le quedaban pegados al suelo de madera, Cristina sonrió. Ése era uno de los motivos por los que le encantaba el local. Era un auténtico pub irlandés. Salvo por las peleas, no faltaba ni un solo detalle: música en vivo, bancos, buen alcohol, poca luz, un poco de suciedad... Le recordaba tanto a su estancia en Irlanda que le era imposible seguir enfadada o deprimida al poner un pie allí. Ahora rezaba porque a Marco le pasase igual. Gracias a su tamaño, consiguió colarse rápidamente entre la gente y guiar a Marco, al que llevaba de la mano, hasta su mesa favorita. Necesitaban estar lejos del guitarrista que tocaba aquella noche para poder hablar con calma mientras disfrutaban de una buena pinta de Guiness, pero también poder tener una panorámica del ambiente que allí reinaba.
Hacía dos semanas que Johanna se había ido del piso, y sólo habían tenido noticias suyas a través de Sharon o de su novia. Según su última conversación con la holandesa, su joven amiga se recuperaba poco a poco. Días antes, Alex había llamado a la puerta, pero se fue nada más saber que Johanna no estaba. Al parecer, había ido allí para animar a la pelirroja. Las llamadas de Sharon eran más bien informes sobre el estado de Johanna. No recordaba haberla oído preguntar cómo estaba Marco más de dos veces. Y la situación era muy parecida con los demás amigos. Por eso, la italiana no podía evitar preguntarse: ¿y qué pasa con Marco?
Por supuesto, entendía que todos se preocupasen por Johanna, y no le parecía en absoluto excesivo. Si ella misma hubiera estado en la piel de la joven, imaginaba que en una situación tan dramática de su vida necesitaría hablar con alguien constantemente. No obstante, le parecía que no era justo para Marco. ¿Es que acaso él no estaba pasando por lo mismo? Puede que aparentase ser el más fuerte, pero ella sabía que por dentro estaba destrozado. Lo más seguro era que muy pocos supieran lo que suponía todo aquello para él. Y ella consideraba que su caso era aún peor: se veía obligado a enfrentarse a todo ello solo, sin la mujer a la que amaba a su lado. Al ver que nadie se daba cuenta, decidió que ocuparse del sueco sería tarea suya. Al fin, cuando sus respectivos horarios lo permitieron, tomó la iniciativa.
-Bonito sitio, ¿eh? -comentó sonriente mientras le deslizaba su pinta por encima de la mesa.
No sin antes probarla, Marco miró a su alrededor y asintió.
-Sí, está bien -dijo.
La morenita se sentó junto a él y bebió. Mientras tanto, buscó la manera de encaminar la conversación hacia donde ella quería.
-¿Sabes? Es una lástima que todavía no hayamos salido de fiesta los tres compañeros de piso juntos. Sé que a vosotros os encanta salir.
Un suspiro de tristeza escapó de los labios del rubio. ¿Por qué no podían ser las cosas como antes? Sharon, Johanna y él viviendo juntos y pasándolo bien todo el tiempo. Bueno, Cristina también valía. Ahora le preocupaba que el único sitio al que pudieran salir con Johanna fuera el hospital. Se limitó a asentir.
-Algún día me tenéis que llevar a algún sitio que os guste -continuó Cristina- Mis amigos y yo siempre vamos a los mismos bares, así que nunca probamos cosas nuevas. Acaba haciéndose aburrido.
Marco no parecía tener nada que contestar a eso. En respuesta a las pocas frases siguientes, tan sólo asintió o respondió con un "sí", "no" o "no lo sé". Empezaba a ser frustrante. Cristina era muy buena conversadora, pero no estaba allí para hablar esa noche. Quería adoptar el papel de oyente. Se le ocurrió que tal vez tendría que ser ella quien sacara el tema si Marco no reaccionaba. Se sentía fatal por hacerlo, pero sabía que seguramente no hubiera otro modo.
-Verás, Marco -bajó la voz y se puso seria- Debo confesarte algo. Te he traído aquí con segundas intenciones. Creo que deberíamos hablar de lo que os ha pasado a ti y a Johanna.
Su cara se convirtió en un gran signo de interrogación. Ella se lamió los restos de Guiness que le quedaban en los labios antes de proseguir.
-Pensé que te vendría bien hablarlo con alguien. Cuando pasan cosas como esta, no es bueno guardárselo todo para uno mismo.
Una vez más, él suspiró. Después de todo, probablemente no le era nada fácil.
-Tú estabas allí todo el tiempo. ¿Qué hay que hablar? -reaccionó.
-Lo que quieras. Sólo quiero que sepas que no tienes por qué sufrirlo en silencio.
-Vale. ¿O sea, que quieres hacerme de psicóloga?
-No. Sólo quiero ser buena amiga. Últimamente es como si todo girase en torno a Johanna: cómo está, qué necesita, qué quiere... Bueno, ¿y qué pasa contigo? Tú también estás pasando por algo muy duro, y es como si ni siquiera se te permitiera hablar... o llorar, si lo necesitases.
-¡Claro que no puedo llorar! Yo soy su apoyo.
-Pero ella ya no está -observó Cristina con las cejas alzadas- Además, ya tiene suficientes hombros en los que llorar. Ya es hora de que tú también tengas uno.
-¿Y de qué iba a servir? -se le notaba el cansancio en la voz- ¿Es que cambiaría algo si me pusiera a decirte lo destrozado que estoy por haber perdido mi gran oportunidad?
Se apoyó la frente en la mano. Aunque seguía sin hablar, Cristina veía que empezaba a derrumbarse. No esperaba que sucediera tan rápido, lo cual le hizo pensar que probablemente necesitase esa conversación más de lo que él mismo creía. El sueco respiró hondo varias veces. Al fin, dio un trago más largo de Guiness y dijo:
-Lo siento, sé que sólo intentas ayudar. Es que... no estoy acostumbrado a hablar de cosas personales.
-No pasa nada -ella le acarició el brazo con dulzura- No hace falta hablar si no quieres.
-Sí que quiero. Sólo que... es algo nuevo para mí, ¿sabes? Ya sabes lo que se dice de nosotros los tíos: que no se nos da bien eso de expresarnos -añadió con una media sonrisa- Me temo que no es un mero estereotipo.
-No importa -asintió Cristina- Simplemente di lo que necesites decir y yo te escucharé.
El rubio se encogió de hombros. Tenía la mirada clavada en el vaso y sus dedos jugueteaban con el canto.
-Nunca sé qué decir en estos casos.
-Podrías empezar por explicarme qué es eso de perder tu gran oportunidad...
Al oír aquella sugerencia, levantó la vista de la bebida. Habría jurado que sus ojos azules empezaban a llenarse de lágrimas.
-Verás, desde que fui lo bastante mayor como para comprender que las mujeres no son sólo pedazos de carne pegados a un par de tetas, he soñado con formar una familia. Durante muchos años he esperado encontrar una chica a la que llamar la madre de mis hijos. Pero nunca he tenido mucha suerte en eso. O bien las relaciones no salían bien y duraban demasiado poco como para planteárselo o las mujeres con las que estaba no tenían interés en ello -hizo una pausa- Este año he cumplido cuarenta. Ya había perdido toda esperanza, y de repente Johanna va y se queda embarazada. Como caída del cielo.
Con rostro serio, Cristina escuchó con atención. Asintió para darle a entender que podía seguir.
-Pero, por supuesto, no podía decírselo a ella -prosiguió él- ¡Es tan joven! Algo así es demasiada responsabilidad para ella. Ni siquiera estaba segura de querer tener el bebé. ¿Cómo iba a decirle que siempre había querido ser padre, entonces? No quería presionarla aún más. Imagínate mi alegría cuando decidió tenerlo.
-Te comprendo -comentó ella- Bueno, yo nunca he sentido esa necesidad de ser madre, pero imagino lo mucho que significa para ti.
-Bueno, eres joven. Supongo que la necesidad aparece a partir de cierta edad.
Cristina no pudo evitar echarse a reír por el comentario.
-¿Cuántos años me echas, Marco?
La miró de arriba a abajo, y le era imposible calcularle la edad. A juzgar por lo que acababa de decir, tenía que ser mayor de lo que aparentaba... pero su manera de vestir y su actitud le daban un aire muy juvenil. En aquel momento, se dio cuenta de que había muchas cosas que no sabía de su compañera de piso.
-No sé... treinta y... ¿dos? -intentó adivinar.
-Me siento halagada -sonrió- Tengo treinta y siete años, aunque nadie me crea cuando lo digo.
Obviamente, él no era ninguna excepción. Por un momento, pareció dejar atrás el dolor y simplemente se sorprendió. Aquella reacción le arrancó una sonrisa. Desde luego, era halagador.
-No eres viejo, Marco -le dijo- O si no me pondré a llorar, pues yo también me voy acercando a los cuarenta. De todos modos, lo que quiero decir es que no deberías preocuparte tanto por ello. Puedes estar seguro de que tendrás más oportunidades de ser padre.
-Lo sé... o al menos lo espero -suspiró.
-Tal vez tengas que esperar un tiempo. Es decir, me imagino que tanto tú como Johanna necesitaréis tiempo para recuperaros del aborto antes de volver a intentarlo.
-¿Ves? Ésa es otra. Me preocupa que Johanna tenga demasiado miedo y no quiera volver a intentarlo. A mí no me importaría esperar mil años si es necesario, pero no sé qué pensará ella. Ni siquiera sé lo que siente por mí ahora mismo.
La italiana frunció el ceño. Tragó el sorbo que tenía en la boca e inquirió:
-¿Por qué lo dices?
-Bueno, se fue, ¿no? -contestó él- Prometió que volvería pronto, pero no dijo cuándo. ¿Y si no vuelve nunca?
-Se os veía muy unidos -afirmó Cristina- No se ha ido para siempre. Sé que yo no estaba allí cuando tomasteis la decisión, pero estoy convencida de que entiendo sus motivos para irse. No fue porque no quisiera estar contigo. Todavía te sigue queriendo, y de eso sí que estoy segura. De hecho, me atrevería a decir que se fue precisamente para no arrastrarte al abismo con ella. Sólo necesita tiempo.
Mientras calibraba todo lo que le había dicho, Marco se dio cuenta de que su compañera de piso no era en absoluto lo que parecía. Estaba acostumbrado a verla como la chica bulliciosa y despistada de al lado, y nada más. Jamás hubiera imaginado que fuera tan profunda y se le diera tan bien calar a la gente. Por no hablar de que no esperaba que se preocupase tanto por él. Era una sorpresa muy agradable. Desde luego, merecía la pena conocerla algo mejor...
-¿Sabes, Cristina? Tenías razón -dijo- Me siento mejor. Gracias.
-No se merecen -ella le guiñó un ojo y se terminó la pinta.
A pesar de lo que acababa de decir, había hecho más por él de lo que creía. Así que debía buscar la manera de agradecérselo. Al ver que tenía el vaso vacío, se le ocurrió una idea.
-A la próxima ronda invito yo -se puso en pie.

24, nov | 2 comentarios Posteado por: lowlands En: El Maravilloso Mundo de la Ficción compártelo Tags: deseos internos, rpf, fanfiction, angst, romance

2 comentarios

Marlene 25 nov 2011 | 02:22 AM

:OOOOO muy bien!.. Al fin alguien piensa en Marco D: me gustó que Cristina se haya preocupado por él :)
hablando de ella, yo también me sorprendí cuando descubrí su edad d.d... de verdad que no representa esos años xddd
volviendo a marco... me sorprende que sus amigos no se preocuparan más por él. Mas bien me molesta... Johanna no fue la única que perdió un hijo D:

PS: cero aporte mi comentario de hoy xdddd

Sharonliv 25 nov 2011 | 07:21 PM

Aunque yo soy de las que esperaban saber más acerca de los "misterios" que quedaron en el capítulo anterior, he adorado mucho éste, pues verdaderamente ya hacía falta saber como estaba llevando Marco lo de la pérdida del bebé.

Pobre el rubio, se me destrozó el corazón al saber lo mucho que deseaba tener un hijo y lo mal que lo está pasando. Me molesta que la mayoría de sus amigos (incluida Sharon obviamente) se preocupen más por Jo, es cierto que ella necesita apoyo porque las mujeres somos más precipitadas al dolor, pero él también perdió un hijo y lo está pasando fatal... increíblemente muchos siguen pensando que los hombres son de piedra ante situaciones como estas, detesto eso.

Y pues, he quedado fascinada con Cris, es un amor de chica, ya estaba deseando que tuviera un poco más de protagonismo en alguno de los capítulos, así que es genial haberla leído protagonizar este cap junto a Marco :D .

Espero ansiosa el próximo cap *-*. ¡Saludazos bellísima!

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