Publicidad:
Terra
La Coctelera

De nómada y estudiante desesperada a artista en progreso

image

Deseos Internos III: Capítulo XXIX

Y ahora, un capítulo un tanto "insomne". Por un lado, veremos algo más del sufrimiento de Johanna, que está a punto de encontrar un apoyo importante. Por el otro, visitamos de nuevo a nuestras nórdicas favoritas.

 

29.

 

Un pedazo más de cera fundida cayó en el plato en el que se sostenía la vela. La pequeña llama ya había hecho que se consumiera la mitad; no quería ni pensar en cuánto tiempo llevaba allí. No podía dormir, así que había llegado a la conclusión de que estar en la cama era inútil. Como no quería despertar a su pareja, no había dado las luces. La televisión estaba apagada. Su único entretenimiento era la vela; se relajaba al observarla. Además, siempre le había parecido que el fuego tenía algo de hipnótico. Probablemente porque en ese mismo momento se identificaba extrañamente con el objeto.
Hacía frío para ser una noche de verano, así que se había envuelto en una manta. Estaba sentada en la butaca que había junto a la mesa de centro con las rodillas abrazadas, y se limitaba a mirar al frente de forma distraída y disfrutar del silencio que la rodeaba. Sin embargo, sus pensamientos siempre terminaban en el mismo sitio.
-¿Liv? -oyó susurrar a una voz tras ella.
No se volvió. No quería.
-Estaba preocupada -continuó Tarja- Me desperté y vi que no estabas...
Una sonrisa llena de culpabilidad inundó el rostro de la rubia. Pero Tarja no lo veía.
-No podía dormir -explicó con suavidad.
Le parecía muy tierno que la finesa se preocupase tanto por ella, no podía negarlo. No obstante, parte de ella estaba algo irritada de que hubieran perturbado su soledad.
Los dedos de Tarja le acariciaban el brazo al descubierto. Aquello le provocaba escalofríos. La mujer de ojos verdes estaba arrodillada junto a ella. Sentía su aliento en el cuello.
-Te echaba de menos -murmuró la morena con dulzura- ¿Por qué no vuelves a la cama?
Liv no contestó. De hecho, ni siquiera miró a su novia. Estaba demasiado enfrascada en sus pensamientos como para darse cuenta de que la otra mujer se esforzaba por descifrar su cara.
-¿Ocurre algo, querida? -Tarja frunció el ceño sin dejar de acariciarle el brazo a la noruega.
El corazón le dio un vuelco. Lo último que quería era que Tarja creyese que pasaba algo raro. Tomo aire lentamente y, al fin, miró a su amante al tiempo que le estrujaba la mano.
-Estoy bien -sonrió- Vuelve a dormir. Enseguida estaré contigo.
-Vale -la finlandesa le dio un besito en los labios antes de ponerse en pie de nuevo- Te estaré esperando -añadió con voz cantarina al alejarse.
Una vez se alejó de su vista, Liv se frotó la frente. Acababa de mentir a su novia, y se odiaba por ello. No obstante, era mejor hacerla creer que todo iba bien. Sólo era una mentira piadosa. Al fin y al cabo, aún no había sucedido nada, así que técnicamente todo estaba, en efecto, bien...

Liv no era la única insomne aquella noche. Cierta pelirroja llevaba horas despierta, llorando tan en silencio como podía. No quería despertar a Flo ni a Sharon, pero ya no soportaba estar en la cama. Se sentía atrapada entre las sábanas. Descalza, comenzó a pasearse por la casa en la oscuridad. Se movía lentamente, evitando hacer ruido. Sólo el suelo de madera crujía ligeramente bajo sus pies. Al menos la casa aún era nueva y no era tan estruendoso.
Sus ojos llenos de lágrimas no le dejaban ver con claridad. La oscuridad seguía siendo impenetrable para ella, así que debía ir con cuidado. Reprimió un grito de dolor al dar una patada a algo. Sus manos hallaron la barandilla de la escalera. Se aferró a ella y empezó a bajar, tanteando con precaución todos los escalones. Tras lo que pareció una eternidad, al fin llegó al piso de abajo. Al menos allí podría dar las luces sin molestar a nadie.
Se dejó caer en el sofá y recorrió la habitación vacía con la mirada. Vacía como su útero, fue lo primero que le vino a la cabeza. El pensamiento enseguida le hizo llorar más. Había tenido que dejar su apartamento porque todo le recordaba al bebé, pero lo cierto era que no le había servido de nada. Allá donde iba, había anuncios de pañales, niños jugando alegremente, mujeres embarazadas... Por eso, había dejado de salir. No quería irse de casa de Flo y Sharon, el único lugar que parecía seguro en el mundo. Al menos sus amigas lesbianas no hablaban de embarazos.
Su psicóloga le decía y repetía que estaba todo en su mente. Su obsesión era lo que le hacía ver bebés en todas partes. Siempre afirmaba que era algo normal; el aborto aún era reciente. Lo que necesitaba, según su terapeuta, era desahogarse. Sus amigos lo entenderían y le brindarían todo su apoyo. Suprimir las emociones haría que la recuperación fuera más lenta, le había advertido. Sin embargo, Johanna era una chica razonable. Si fuera una amiga suya la que lo estuviera pasando, estaría dispuesta a escucharla horas y horas... los primeros días. Pasada una semana o más, acabaría cansándose de oír historias sobre niños muertos y hospitales. No quería molestar a sus amigos. Sharon ya estaba sufriendo, lo había notado, y sabía que era por ella.
Al menos Marco ya no tenía que verla así. Intentar no llorar delante de los demás ya era lo bastante difícil. Con Marco era aún peor. Él estaba pasando por lo mismo, así que era imposible no llorar cuando él andaba cerca. Al fin y al cabo, ambos estaban implicados. Y sabía que era precisamente quien menos debía ver sus lágrimas. Lo destrozaría. Sabía lo feliz que se había puesto desde que se enteró de que iba a tener un hijo... ¿La odiaría por haber arruinado su oportunidad? ¿La culparía por haberlo perdido? Después de todo, era culpa suya...
Hiciera lo que hiciera, sus pensamientos seguían allí. Incluso en las pocas horas que lograba dormir, la atormentaban terribles pesadillas. Sólo quería librarse del dolor. Necesitaba moverse, distraer la mente de algún modo, así que se deslizó de puntillas en la cocina. Un vaso de agua tal vez le aclarase las ideas. Mientras lo llenaba, sus ojos se posaron en un cuchillo. Flo había comprado carne esa tarde y lo había estado usando para trocearla antes de congelarla.
Un pensamiento fugaz se le pasó por la mente al beber. A menudo había oído hablar de gente que se cortaba cuando sufría. Se decía que sustituir el dolor emocional por el físico era una estrategia común. ¿Funcionaría también con ella? Dejó el vaso medio vació a un lado, tomó el cuchillo por el mando y lo contempló como hipnotizada. La cuchilla, que era casi tan grande como su antebrazo, brillaba de forma apetitosa. Además, estaba muy afilado. Seguramente sangraría con el más mínimo contacto. Era justo lo que buscaba.
Mientras tanto, una ligera molestia en la garganta despertó a Flo. Tenía la boca totalmente seca. Estiró el brazo y tanteó sobre la mesita de noche. Soltó un gruñido. A pesar de que sabía que necesitaba beber muy a menudo, había olvidado llevarse una botella a la cama. Con cuidado de no despertar a Sharon, se dirigió al piso inferior a buscar agua. Sin embargo, lo que vio al poner un pie en la cocina le hizo olvidar para qué había ido. Johanna tenía un cuchillo carnicero en la mano, y la otra estaba peligrosamente cerca del filo...
-¿¡Qué haces!? -exclamó.
Johanna se volvió y dio un respingo. Instintivamente, dejó caer el cuchillo sobre la encimera.
-Nada -respondió- Yo... sólo...
-Menos mal, porque cualquiera diría que ibas a usar el cuchillo para hacerte daño -la más alta se cruzó de brazos y la miró fijamente.
La chica intentó buscar una excusa, pero era inútil. ¿Qué podía estar haciendo con un cuchillo así a las cuatro de la mañana? Y sólo de pensar en lo que podría haber hecho si Flora no hubiera llegado a la cocina, la invadió una vergüenza inmensa. Vulnerable, no pudo evitar echarse a llorar.
-Lo siento -sollozó- Sólo quería...
-Sé lo que estabas intentando -asintió Flo- ¿Sabes qué? Vámonos al salón.
La giganta cogió el vaso de agua y arrastró a la joven casi a empujones al salón. Mas no parecía enfadada con ella. Su cara mostraba verdadera preocupación. Tras sentarse y dar un sorbo, Flo empezó a hablar.
-¿Por qué ibas a hacer algo así, Johanna?
Con un suspiro, la pelirroja se retiró unos mechones de la cara. No se atrevió a mirar a su oyente al hablar.
-Sólo es que... estoy sufriendo tanto. Así que pensé...
-Tú no eres de ésas -susurró la otra mujer, que meneó la cabeza- He tenido que lidiar con muchos enfermos mentales en mi vida, y sé cómo funcionan sus cabezas. No razonan, simplemente se cortan cuando sienten la necesidad. Tú eres una chica inteligente y sabes que hacerte daño no solucionará tus problemas.
Johanna siguió con la mirada fija en el suelo. Todo lo que decía Flo era cierto. Seguramente, en circunstancias normales jamás se le habría ocurrido siquiera hacer eso.
-No intentes ser como ellos -continuó Flora- Tú eres más fuerte.
La pelirroja negó con la cabeza.
-No -dijo débilmente.
-Sí, lo eres -insistió la otra.
Por fin, la austríaca miró hacia arriba. Seguía llorando.
-Si lo fuera, ya habría superado todo esto.
-No, no, no, en eso te equivocas -explicó Flo- Estar deprimida no es un signo de debilidad. Es algo totalmente natural. Después de lo que has pasado, si no estuvieras ni siquiera un poco triste, eso no te convertiría en una persona fuerte. Significaría que ni siquiera eres humana.
Tal vez fuera cierto, pensó la pelirroja. Respiró hondo y se secó unas lágrimas más.
-¿Por qué no dejo de pensar en ello?
-Cualquiera en tu lugar estaría igual que tú. Superar una pérdida es algo muy duro.
-Ojalá pudiera simplemente olvidarlo -suspiró Johanna.
-No puedes. Lo más probable es que recuerdes esto toda tu vida, pero puedes aprender a vivir con ello. Todos hemos vivido situaciones que nunca nos creímos capaces de superar. Pero esos momentos de la vida son los que nos hacen más fuertes.
-¿Cómo?
-Con el tiempo -repuso Flo- Necesitas tiempo para aceptar lo que ha pasado. También ayuda tener alguien con quien contar.
La cara de Johanna se ensombreció.
-En esto estoy totalmente sola.
Aquel comentario pilló a la giganta por sorpresa. ¿Qué querría decir con eso?
-¡No estás sola en absoluto! Todos estamos aquí para ti, y lo sabes.
-¿Pero con quién puedo hablar? -gimió la joven- Todos tenéis cosas mejores que hacer que escucharme llorar.
Flo ahogó un grito. Parecía tener la realidad muy distorsionada. Por desgracia, sabía que ése era uno de los efectos de la depresión.
-¿Cómo puedes decir eso? Somos tus amigos. Estaremos encantados de escucharte si necesitas hablar. No es bueno guardártelo.
La menor sacudió la cabeza de nuevo.
-Sharon está tan destrozada como yo. La conozco. Seguramente lloraría aún más que yo.
Flo sonrió para sus adentros. Estaba claro que la conocía muy bien.
-Lo sé. Pero me tienes a mí. Sé que no nos conocemos desde hace mucho, pero se me da bien escuchar. Y dar abrazos cuando son necesarios.
Algo remotamente similar a una sonrisa se dibujó en los labios de Johanna. Orgullosa de su actuación, Flo prosiguió.
-¿Sabes qué? Puede que te parezca un cliché, pero recordar las cosas positivas que hay en tu vida también ayuda a superar la tristeza. Cuando estés deprimida, piensa en lo que te hace feliz. Eres una chica joven y preciosa con toda una vida por delante. Tienes muchos amigos que te quieren y siempre estarán ahí para hacerte sonreír. Por no hablar de ese novio tan encantador que tanto te adora. Y el año que viene acabarás de estudiar y conseguirás un trabajo genial porque he oído que eres muy lista y te encanta lo que haces. Lo que te ha pasado es sólo una espinita entre muchas rosas.
La austríaca permaneció en silencio un momento, procesando lo que acababa de oír. Le habían dicho cosas parecidas muchas veces, pero Flo hablaba con tanta sinceridad que era imposible no creérselo. Aunque seguía llorando, se lanzó a los brazos de la otra mujer y la abrazó.
-Gracias, Flo. Muchas gracias.
Flo sonrió y devolvió el abrazo. Con suerte, sus palabras ayudarían a la pobre chica.

22, nov | 3 comentarios Posteado por: lowlands En: El Maravilloso Mundo de la Ficción compártelo Tags: deseos internos, rpf, fanfiction, angst, romance

3 comentarios

Marlene 22 nov 2011 | 09:29 PM

awww!!!... partiré por el final del capitulo!.... YO TAMBIEN NECESITO UN ABRAZO DE FLO! xdd... fue bueno que la giganta no llevara su botella de agua antes de dormir. Jo hubiese cometido un error tremendo.
Igual entiendo su punto de vista, esa parte de "Todos tenéis cosas mejores que hacer que escucharme llorar", porque me ha pasado varias veces... anyway!

Ahora, viendo la primera parte del capitulo, ¿Qué es lo que esconde Liv? ¿Qué es lo que todavía no sucede? quiero saber D:
y sobre las velas, en verdad el fuego tiene algo hipnótico al igual que el humo que sale de los inciensos o del cigarro xddd

Sharonliv 23 nov 2011 | 10:42 PM

Lo de Liv me ha dejado en qué pensar D: Gosh!! he empezado a preocuparme, porque algo me dice que, sea lo que sea que oculta es "delicado". Awww y leer a una Tarja tan cariñosa me hizo sentir hasta mariposas en el estómago, no sé que haces, pero a ese personaje lo amo cada vez más, no importa que haga, me derrite *¬*

Por otro lado, no solo ya estaba preocupada por lo que oculta Liv, sino que encima se me ha erizado la piel por los nervios, al leer como Jo pensaba en cortarse con ese maldito cuchillo D: , menos mal que a la hermosa de Flo *-* se le olvidó la botella de agua. Amé totalmente la conversa entre ambas. Parezco disco rayado pero en cada capítulo donde salga Flora mencionaré cuanto la adoro... ¡¡ LA AMO !! envidio a Sharon por tener una mujer tan fantástica como esa *O*

Saludos mi querida Lows, esperaré impaciente el próximo cap ¡Me MUERO por saber que pasará!

lowlands 24 nov 2011 | 08:42 PM

@Marlene, y quién no querría un abrazo de Flo? <3 Y sí, menos mal que ha aparecido en el momento oportuno. En cuanto a lo de Liv... lo sabréis cuando menos lo esperéis xD Pero me alegra que hayas comentado lo hipnótico de las velas, no pensaba que nadie se fuera a fijar mucho en ese detalle.

@Sharonliv, pues sí, lo de Liv es algo delicadillo... pero bueno, todavía quedan unos capítulos para saber qué le pasa. Y en cuanto a Tarja... la verdad es que con lo tierna que es últimamente, tengo miedo de haber hecho que el personaje cambie de una forma demasiado antinatural. Y no te preocupes, comprendo perfectamente tu amor por Flo. Creo que todas desearíamos estar en el lugar de Sharon.

Esta vez voy a ser buena y aquí os dejo el nuevo capítulo :)

Escribe un comentario