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La Coctelera

Blog antes conocido como "Ciudad Especia" o "Pensando en Nar-Angha". Después de la intensa experiencia de Würzburg, estoy de vuelta en España. Os ofrezco toda clase de chorradas que puedan salir de esta cabecita multicolor, desde aventuras y anécdotas

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Marta y el país del chocolate

Después de no haber actualizado desde hace siglos, por lo que me gustaría disculparme, vengo con noticias frescas. Las vacaciones se han acabado y empezamos las clases la semana pasada. Eso sí, debo decir que las vacaciones han sido bastante productivas y me han dado la oportunidad de visitar un par de sitios nuevos. He aquí uno de los más interesantes que he visto.

Normalmente asociamos los países con sus comidas: la pizza nos hace pensar en Italia, los tacos nos hacen pensar en México... Ahora piensa en un sitio en el que las gambas son tan pequeñitas como ricas y las principales espeialidades son las patatas fritas, los gofres con azúcar y nata y (sobre todo) el CHOCOLATE. ¿Es el paraíso? No, pero casi... ¡es Bélgica!

Mi amiga Anneleen (20, en la foto entre la japonesa y yo) me invitó a visitarla en su ciudad, Amberes, e incluso me ofreció alojarme en su casa. Así que me quedé allí con ella y su familia (una gente encantadora y muy divertida).

Fue un viaje de siete horas en tren, pero mereció la pena, no sólo porque la estación de Amberes es una de las más bonitas que he visto, sino también porque viajamos junto al Rin y pude ver unos paisajes preciosos bajo el sol.

La primera noche dimos un paseo por el centro, y pude ver una de las principales características de Bélgica: la diversidad. Se oyen muchos idiomas distintos y se ve gente de todas partes. Pero sólo al día siguiente pude experimentar la ciudad.

El primer lugar que visitamos fue la Casa de Rubens, el lugar en el que el famoso pintor pasó los últimos años. Aparte de la información sobre su vida que recibimos gracias al audiotour, también se podían ver las pinturas y esculturas de otros artistas que coleccionaba. Se interesaba mucho por el arte mitológico y religioso (lo cual puede sonar a contradicción). La influencia mitológica se ve especialmente en el bello jardín. No sé si lo reconoceréis, pero encima del muro está Hermes, el mensajero de los dioses giriegos (¡y el dios de los traductores! :)) Al fondo del jardín se ve también un pequeño edificio que se parece a un templo griego o romano. Al parecer, Rubens pretendía llevar "un pedacito de Italia a Bélgica".

Pasamos el resto del día en el centro y nos tomamos un gofre muy rico con azúcar y nata (¡ñam! ¡ñam!) y visitamos otros lugares de interés, como la universidad donde estudia Anneleen, el pequeño jardín botánico, la catedral y la Iglesia de Carlus Boromeus, que tiene su propia estatua en el Puente Viejo del Main (Alte Mainbrücke) de Würzburg. Por desgracia, como estábamos en Pascua, sólo pudimos ver las iglesias de pasada y las fotos no eran muy buenas (así que ni siquiera me voy a molestar en subirlas). Una de las cosas que me llamó la atención es que las iglesias belgas tienen mucha madera oscura, que hace un contraste curioso con las paredes y columnas blancas. ¡Ah, y no olvidemos el castillo!

El castillo se encuentra junto a un gran río del que la gente de Amberes se siente muy orgullosa. Anneleen también aprovechó el momento para explicarme la leyenda del origen del nombre. El nombre belga de Amberes es Antwerpen, que significa algo así como "lanzar la mano". Hace mucho mucho tiempo, un gigante llegó a la costa de Amberes y se dedicó a intimidar a todos los marineros que se atrevían a acercársele. Si no le daban tesoros, los hacía naufragar. Muchos de ellos cometieron el error de no tomárselo en serio... Un día, un hombre llamado Bravo decidió deshacerse de la criatura que aterrorizaba a la población. Junto a sus siete hombres, luchó contra el gigante, batalla que acabó con Bravo cortándole la mano y tirándola al río. En el casco antiguo de la ciudad hay una estatua que conmemora esta lucha, y aquí os dejo una foto.

Mientras estábamos allí, hubo algo que me impresionó... la belleza de los edificos antiguos de esa calle. Aquí podéis ver unos cuantos, con sus tejados escalonados, típicos de la arquitectura belga.

Y de repente llegó la noche y era hora de descansar. Disfrutamos de una deliciosa cena casera (desde aquí me gustaría volver a felicitar a la madre de Anneleen por aquel pescado en salsa con gambas, ¡IN-CRE-Í-BLE!) y de una película divertida.

Al día siguiente, que era domingo, visitamos Brujas. Sin embargo, la mayoría de las tiendas estaban abiertas, lo cual me sorprendió. Lo que debéis saber de Brujas es que es una preciosidad, como de cuento de hadas. Mires donde mires, hay edificios monísimos, por no mencionar que el tiempo acompañó mucho. Es bastante pequeña y se puede ir andando a todas partes, pero eso forma parte de su encanto.

Lo primero que hicimos fue subir a una torre desde la que se ve la ciudad entera (otro déjà vu de la catedral de Colonia...)

Puede que no hubiera mucho que hacer, pero sólo pasear por la ciudad es un placer. A diferencia de lo que yo había oído, Brujas es la Venecia del Norte, y no Amsterdam. Se la conoce así por todos sus puentes y su río, que le dan aún más aire de cuento de hadas. Pero hay otro par de cosas que debo comentar. En primer lugar, estaba lleno de turistas, sobre todo españoles, así que oímos más español que cualquier otro idioma. Por otro lado, otra atracción de Bélgica es la Capilla de la Santa Sanger, donde se dice que hay un frasco con sangre de Jesucristo (otro déjà vu, pero esta vez del "corazón" de Alba de Tormes). Y sí, estuvimos allí, pero no vimos ni tocamos la sangre (si entras durante una ceremonia te hacen tocar el frasco).

Comimos patatas fritas, otra comida típica de Bélgica. Puedes encontrarlas en todas partes por la calle con ketchup o mayonesa. No son muy crujientes, pero lo importante es que están hechas de patatas de verdad y están muy buenas. Ah, y por supuesto, no olvidemos lo más importante... el CHOCOLATE. Cada dos pasos había una chocolatería con toda clase de productos creativos. Y sí, todos están deliciosos, comprobado ;) Sí, desde luego ese fue el mejor recuerdo que pude traerme de ese país...

30, abr | 2 comentarios Posteado por: lowlands En: Ciudad Especia compártelo Tags: semana santa, belgica, amberes, brujas, viajes, vacaciones

2 comentarios

edicionesvion 30 abr 2009 | 12:54 PM

Uffffffff!!!, cuanto tiempo. Me alegra saber que te va tan bien y puedes disfrutar de viajes tan maravillosos, puediendo ver cosas que te gustan y sobre todo disfrutar del chocolate, jejeje. Unas fotos geniales.

Saludos!

Li'l 11 may 2009 | 07:00 PM

Sí, sí. Yo doy fe. El chocolate de Belgica es.... indescriptible XD Yo (también) me atiborré de gofres y de dulce en general cuando anduve por allí. De hecho, mi dieta se basó en: Patatas fritas, gofres y mejillones (de los que por cierto, me sorprende no haber leido...)

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