...Y el mundo hizo ¡PUUUUM!
Ya sé que no es el tema más optimista para empezar el año, pero me pareció oportuno. Dicen que el 21 de diciembre de este año va a ser nuestro fin, y a la gente de Internet le encanta recordárnoslo.

Sí, claaaro... Si todas las predicciones fueran verdad, el mundo ya se habría acabado unas 7 veces. Yo, por lo menos, recuerdo que se decía que la fecha clave era abril de 2000. Después el 06.06.06. Luego [inserte fecha psicodélica aquí], pero parece que a la gente se le han olvidado todas las profecías falsas que ha habido a lo largo de la historia.
Tal vez sea por esa estúpida película de Hollywood o porque, si lo dice una civilización antigua, tiene que tener razón por cojones, pero la idea de que el mundo se va a terminar en unos 11 meses se ha puesto de moda. Cada vez que pasa algo, todos se asustan porque es una señal de que esto se acaba. ¿Que hay un terremoto en China? ¡Ohdiosmío, se acaba el mundo! ¿Que nieva en el Sáhara? ¡Es el fin del mundo! ¿Que el FBI cierra Megaupload? ¡VAMOS A MORIR TODOS!
Aunque adoro todo lo esotérico como el que más, me pone enferma oír estas cosas. Por supuesto, al oír hablar de la crisis económica, el cambio climático o los intentos por censurar Internet y toda esa mierda (en serio, no hay mejor forma de llamarlo...), es fácil pensar que se acerca la era de la fatalidad. No obstante... ¿no les parece irónico? ¿Es que acaso no oímos todo tipo de tragedias en las noticias todos los puñeteros días del año? ¿Es que acaso no hay desastres naturales casi cada mes? ¿Es que no mueren inocentes todos los días? ¿Es que acaso no se empeñan todos los gobiernos en promulgar leyes absurdas e injustas todo el tiempo?
Tal vez en el fondo todos desearíamos que todo terminase ahora para no tener que arreglarlo. Debo reconocer que yo misma lo pienso más de una vez. Sin embargo, y siento decepcionarles, no creo que los mayas tengan por qué tener más razón que Nostradamus o la futoróloga de la esquina. Sí es cierto que el mundo está cambiando, para bien o para mal, pero eso no es necesariamente el fin. De hecho, tal vez sea un nuevo comienzo.
¿Significa eso que ha llegado la hora de intentar reparar el daño que hemos hecho? ¿De rezar y pedir perdón? Yo paso de rezar, así que no pienso hacerlo. En cuanto a la primera cuestión, yo creo que SIEMPRE es el momento de arreglar nuestros errores. Me parece hipócrita que la gente se centre en ello sólo cuando cree que es demasiado tarde. Yo, por mi parte, seguiré viviendo como hasta ahora. Continuaré haciendo lo que me parece correcto, lo que me hace feliz. Sea el año 2012 o 1989, para mí lo único que importa - y lo único que es real - es el aquí y ahora.
29, ene | sin comentarios lowlands En: Historias nymkateamínicas compártelo Tags: lo que realmente me saca de mis casillas, fin del mundo, personal
Deseos Internos III: Capítulo XXXIII
Tras las merecidas vacaciones de Navidad, nuestras amigas están de vuelta. En este capítulo va a haber muchos cambios. Por un lado, vamos a ver cómo se va adaptando Johanna a su nueva vida. Por el otro... Tarja al fin se va a declarar a su amada Liv :O
33.
Contempló una vez más a su reflejo en el espejo y apenas reconoció a la chica que veía. No había sido mala idea dejar que su compañera de cuarto la maquillase y peinase. Lo que necesitaba era un cambio, y lo había logrado. Además, debía reconocer que la camiseta de red que le había prestado su nueva amiga quedaba muy bien con la minifalda vaquera que casi nunca se ponía. Hola, nueva Johanna, pensó para sí misma sonriente mientras salía del baño y bajaba la escalera.
Sólo llevaba una semana en el campus y ya había habido tres fiestas. Sin embargo, la de esa noche era la grande, según la chica con la que compartía habitación. Todo el mundo, sobre todo con los que merecía la pena relacionarse, estarían allí. Hacía un par de horas que había empezado en el salón común de la residencia, pero nadie quiere llegar pronto a esos acontecimientos. Así que siguió el consejo de la otra chica y esperó un tiempo razonable para cruzar el patio.
El aire fresco de finales de septiembre se colaba por los agujeros de su camiseta, pero no le importaba. Tampoco hacía tanto frío. Antes de entrar, miró hacia el interior a través de uno de los ventanales. Le llegaba algo amortiguado el sonido de la música en vivo y, en efecto, vio un grupo joven de rock tocando en un escenario. Muchos estudiantes bailaban a su ritmo, mientras otros bebían y charlaban en grupos. Pronto encontró a su compañera de habitación y sus amigos; conocía a unos pocos. De todos modos, esperaba que fuera una buena oportunidad para conocer gente.
Antes de entrar, Johanna se sacó un mechero y una caja de cigarrillos del bolso y se metió uno en la boca. Todavía no estaba acostumbrada a fumar, así que enseguida se sintió mareada. Por algún motivo, le resultaba agradable. Se quedó fuera un rato, observando las volutas que exhalaba como hipnotizada. Una vez le pareció suficiente, lo apagó con la suela de su bota de tacón y se unió a la fiesta.
-¿En qué estás pensando?
Aquella frase la devolvió a la realidad. No fue hasta ese momento cuando Liv se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo jugando con el tenedor y el mismo pedazo de tartaleta de espinacas. Se maldijo a sí misma por no tener nada de talento como actriz. ¿Tan obvia era? ¿O es que Tarja la conocía demasiado bien?
-Ah, no pasa nada -sonrió avergonzada- Sólo estoy un poco cansada. He tenido un día duro en el trabajo, ya sabes.
-Estoy segura de que te sentirás mejor después del buen bañito que te está esperando -la finesa guiñó un ojo. Señaló al plato de su novia con el tenedor al preguntar- ¿Te está gustando la cena?
-Es una delicia. Creo que te has superado.
Tarja sonrió. En su interior, Liv suspiró aliviada. Había sido sincera, pero justo eso era lo malo. La decoración especial que le había dado la bienvenida a casa después del trabajo enseguida le provocó un sentimiento de culpa. Aunque le encantaba lo espontánea y creativa que era su novia, la odiaba por haberle preparado esa velada sorpresa. No se lo merecía.
Desde el otro lado de la mesa, la finlandesa seguía observándola mientras comía. Se había comportado de manera extraña en las últimas semanas, estaba distante y menos entusiasta de lo habitual. Cada vez que intentaba hablar con ella, la bella rubia le sonreía y decía que no era nada. Obviamente, le pasaba algo, pero había llegado a la conclusión de que no tenía nada que ver con ella. Confiaba en Liv, pues siempre le había sido sincera.
-¿Sabes? Iba a esperar al final de la velada, pero se te ve cansada, así que será mejor adelantarlo -la morena chasqueó los dedos y se puso en pie- Sé de algo que podría animarte.
Con la ceja levantada, inquisitiva, la noruega la siguió con la mirada. Vio que Tarja recogía algo de una estantería, pero no distinguía qué era. No obstante, la sonrisa amorosa que le dedicó y cómo se arrodilló junto a ella hicieron que su corazón diera un vuelco. No, eso no podía estar ocurriendo...
Cuando Tarja le dio la mano con dulzura, casi se le saltaron las lágrimas. Lo único que podía hacer era esperar y rezar porque no fuera lo que parecía.
-Liv Ester Isaksen -empezó- Estos últimos seis meses que hemos pasado juntas han sido una de las mejores épocas de mi vida. Quiero agradecerte todas las sonrisas que me has provocado, todas las noches tan maravillosas que me has dado y, sobre todo, por ser tan increíble. Me has hecho mejor persona, y no quiero que esto termine.
Al decir las últimas palabras, abrió la otra mano para dejar al descubierto una cajita. Era justo lo que parecía. Liv quiso morirse al verla, sobre todo al toparse con el precioso anillo de oro que contenía.
-Quiero pasar el resto de mi vida contigo, Liv -susurró Tarja con una sonrisa de emoción al tiempo que le ofrecía la joya- Quédate conmigo.
Ya no podía soportarlo más. En lugar de decir algo, cerró los ojos con fuerza y respiró hondo. Había esperado demasiado tiempo, y ahora sólo podía hacer una cosa.
-Lo siento mucho, Tarja -sacudió la cabeza- Tenemos que hablar.
Asustada y desconcertada por esa reacción, Tarja volvió a cerrar la caja. La noruega se levantó de la silla y le indicó con un gesto que se sentase junto a ella en el sofá.
-No puedo casarme contigo -repuso- No debo.
-¿Por qué no? -la finesa le tomó las dos manos- Sea lo que sea, me lo puedes decir.
No estaba tan segura de eso. Tarja no se lo tomaría bien. Bueno, ¿quién se iba a tomar bien algo así? Si al menos no lo hubiera dejado pasar tanto... Liv estaba asqueada consigo misma, pero no podía seguir posponiéndolo.
-Hace unos meses -explicó- Mi jefe contrató a una chica nueva para echar una mano en la librería. Nos llevamos bien desde el principio. A veces hasta tenía la sensación de que estaba coqueteando conmigo, pero pensé que era de broma, así que le seguí el juego -hizo una pausa y suspiró- Hace tres días me besó.
-Pero eso no importa, cariño -la morena se deslizó un poco hacia ella y le siguió acariciando las manos- Ya sabes que a mí no me importan esas cosas.
-No es sólo eso -confesó Liv con un hilo de voz- Yo... siento algo por ella -las primeras lágrimas empezaron a descender por sus mejillas rosadas- Intenté convencerme de que sólo era amistad y algo de atracción... pero todas las veces que tonteaba con ella, en el fondo iba en serio y esperaba que ella también. Ni siquiera le dije que tenía novia.
Tarja apartó las manos de ella. Liv no se atrevió a mirarla. Sin embargo, su voz no daba la impresión de que estuviera enfadada.
-Bueno, puede que sólo sea un capricho -dijo- No te has acostado con ella, ¿verdad? A lo mejor si lo hicieras, te darías cuenta de que no es para tanto.
¿Le acababa de aconsejar que practicase el sexo con su compañera? Liv frunció el ceño. La finesa lo tomó como una señal de que debía explicarse.
-Sí, ya sabes, a veces sentimos química con una persona y la idealizamos. Pero luego, al acercarnos más, resulta que no es lo que queríamos. Así que a lo mejor si te fueras a la cama con esa chica, se te pasaría la atracción.
-Eso no funcionará -la rubia dijo que no con la cabeza y empezó a llorar más fuerte- No sólo es algo físico.
-No pasa nada, querida -para animarla, la morena le acarició el brazo- No llores más. Reconozco que no me alegra oír que te estás enamorando de otra persona, pero mientras quieras seguir estando conmigo...
Al ver a Liv bajar la mirada, eso le dijo todo. La expresión de su novia pasó de una sonrisa comprensiva a una mirada gélida.
-Porque... sí quieres estar conmigo, ¿verdad?
Su voz dejaba entrever una nota de miedo. Liv se mordió el labio con fuerza y dudó de si hablar o no.
-Lo siento muchísimo, Tarja -fue lo único que fue capaz de decir- Esto es demasiado complicado. Ahora mismo no sé lo que quiero. Te has portado muy bien conmigo y me gustas mucho, pero... al oírte decir todas esas cosas tan bonitas de que quieres estar conmigo para siempre, me doy cuenta de que mis sentimientos hacia ti han... disminuido.
-¿¡Disminuido!? -la otra mujer parpadeó.
-Cuando empezamos a salir por segunda vez, eras un encanto. Eras cariñosa, pero aun así fuerte e independiente. Pero con el tiempo es como si te hubieras vuelto... no sé, pegajosa -se odiaba por decirlo, pero aun así continuó- Mira, no quiero decir que hayas hecho nada malo. Sé que sólo querías que me sintiera necesitada, pero... yo no soy así. Me da pánico que alguien dependa de mí. Y has cambiado. Es como si hubieras empezado a ser algo que no eres sólo por mí.
-No he cambiado para complacerte, Liv... tú me has cambiado.
La rubia siguió meneando la cabeza. Aún tenía las mejillas enrojecidas y húmedas de llorar. Y la finesa estaba también a punto de derrumbarse. ¿Entonces la iba a dejar? ¿La única mujer del mundo por la que había querido comprometerse la acababa de rechazar? La ira y la frustración comenzaron a crecer en su interior...
Por otro lado, la velada de Johanna le había ido bastante bien. La bebida era sorprendentemente barata, así que ya se había tomado unas cuantas copas y empezaban a hacerle efecto. Estaba bastante mareada, pero no le resultaba incómodo. La sensación artificial de calor le hacía sentir que estaba protegida de todo mal. Nada podría hacerle daño. Todo eran risas y música. Junto con sus nuevos amigos, que eran los de su compañera, habían estado dándolo todo a ritmo del grupo de rock universitario que tocaba y bailando como si no hubiera mañana. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se había reído tanto, y no estaba segura de si era por el alcohol o si esa gente de verdad era tan divertida.
-Salimos a fumar, ¿te vienes? -le dijo uno de los chicos.
-Claro -dijo arrastrando las sílabas ligeramente mientras agarraba su bolso y los seguía entre la multitud.
Le vendría bien algo de aire fresco, pues empezaba a hacer calor ahí dentro. No obstante, al llegar al exterior del salón, no encontraba a ninguno de sus amigos. Demasiado cansada para ir a buscarlos, decidió que sería mejor idea quedarse junto a la puerta, la espalda contra la pared, y esperarlos. Tendrían que volver tarde o temprano. La voz de alguien hizo que levantara la vista. Era un chico. Necesitaba fuego. Le prestó su encendedor. Lo cierto era que el chico no estaba nada mal, así que decidió darle un poco de conversación.
Un rato después, ya no se acordaba de qué habían estado hablando salvo la charla casual de siempre. Vivía justo encima de ella y estudiaba Medicina. Se llamaba James... O Jack. No lo había entendido muy bien. Lo único que importaba era que besaba muy bien. La forma en que le devoraba los labios con pasión y empujaba su lengua contra la suya la excitaba. O tal vez fuera la sensación de estar enrollándose con alguien en medio de la pista de baile, cosa que hacía siglos que no hacía. Sólo cuando a él le dio por meterle un dedo en las braguitas se les ocurrió que había llegado el momento de seguir con la fiesta arriba.
Al día siguiente, tras una noche alcohólica y borrosa, la despertaron las náuseas. Estaba en una cama que no era la suya, pero como todas las habitaciones del campus tenían la misma distribución, no le costó encontrar el baño. Tras aliviarse, se lavó con agua fresca frente al espejo. No se había dado cuenta hasta ese momento de que estaba totalmente desnuda. Menos mal que había empezado a tomar la píldora, pensó. Aún le quedaban restos de maquillaje en la cara, y unos cuantos chupetones se repartían por su cuello y pecho. Mientras acariciaba una de las manchas que había en su piel, no pudo evitar sonreír a su reflejo. Al fin, se sentía viva.
10, ene | 2 comentarios lowlands En: El Maravilloso Mundo de la Ficción compártelo Tags: deseos internos, rpf, fanfiction, angst, romance
El amanecer de un nuevo día
¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

"The world now opens its eyes and sees the dawning of a new day*"
(Within Temptation, "Ice Queen")
*Ahora el mundo abre los ojos y ve el amanecer de un nuevo día
Ha llegado un nuevo año. ¿Será éste el comienzo de una nueva era? ¿Qué nos traerá el 2012? El tiempo lo dirá. De todos modos, las tradiciones se deben seguir, así que aquí viene una entrada para decir lo que significa para mí este acontecimiento.
El post del año pasado no fue precisamente el más optimista. Estaba pasando una mala racha, así que me costaba escribir algo alegre. De hecho, empecé el 2011 como lo que yo llamo "terrorista emocional". Había declarado la guerra al mundo entero, principalmente a cualquier cosa relacionada con los sentimientos. Ohne Seele era lo único a lo que me aferraba. Por suerte, como un mes después apareció alguien que me hizo cambiar de idea. Desde entonces, podría decir que vivo en las nubes. Resulta irónico pensar que el amor, justo una de las cosas que más había odiado y criticado, fue justo lo que me salvó de la oscuridad de mi mundo.
Si tuviera que escoger una frase para describir el año que acaba de terminar, sería "Superar los miedos". No sólo porque al fin decidí abrirme (¡y dejar que mis padres conocieran a mi amor!), sino también porque he tomado decisiones que siempre me habían asustado. Como dije hace un par de entradas, la nómada se asentó. Seguí el consejo de las cartas y dejé de huir para atreverme a hacer lo que jamás creí que haría: quedarme más de dos años en el mismo sitio por voluntad propia. En cuanto al tercer miedo, la oportunidad de sobreponerme a él llegó unos meses después. Tras el máster, empecé a buscar trabajo. Puede parecer una tontería, pero tenía pánico de trabajar, pues siempre lo he visto como el final de la juventud y la versión moderna de la esclavitud. No obstante, luché por encontrar un empleo y acabé encontrando dos. Mientras que el primero no me llenaba y duró muy poco, me sirvió para salir adelante. Por otro lado, el otro, con el que espero seguir adelante a partir de la semana que viene, es algo que me divierte y creo que se me da bien. Además, me he dado cuenta de que es posible trabajar y seguir teniendo vida.
No hace falta decir que Ohne Seele ha sobrevivido a pesar de las dificultades y que el 2011 también ha sido el año de nacimiento de StarShade, uno de mis tesoros más preciados :) Así que sí, puedo decir que ha sido un buen año.
Si he de ser sincera, tengo tanto miedo de este nuevo año como curiosidad por ver lo que nos deparará. No es fácil mantener una actitud positiva cuando no dejas de oír en todas partes lo duro que va a ser todo, por no hablar de la eterna parida de que el mundo se va a acabar el 21 de diciembre. Sin embargo, hace más de un año me bauticé el Fénix, así que pienso hacer honor a ese nombre. No dejaré que nada ni nadie me deprima, y haré lo que pueda para seguir siendo más fuerte que el acero.
¿Qué le pido al Año Nuevo? Preferiría no pedir deseos, o al menos no decirlos en voz alta (ya sabéis que soy jodidamente supersticiosa). El año pasado no pedí más que orientación, y todo me fue bastante bien, así que seguiré con la misma estrategia. Asumiré que lo que venga será para bien e intentaré ver el lado bueno. En cuanto a los propósitos... bueno, aparte de lo que ya he comentado antes, me gustaría publicar al menos una entrada al mes en este blog. De todos modos, no quiero hablar demasiado de los propósitos de Año Nuevo, pues eso siempre los acaba gafando ;) Así que tan sólo diré que espero que el 2012 sea tan bueno como lo ha sido el 2011 y que os deseo a todos lo mejor en este nuevo comienzo <3
2, ene | 5 comentarios lowlands En: Historias nymkateamínicas compártelo Tags: feliz ano nuevo, celebracion, personal
Deseos Internos III: Capítulo XXXII
Y por último antes de irme de vacaciones de Navidad, aquí dejo el Capítulo 32 de Deseos Internos III. Hasta aquí he escrito de momento. Quedan aproximadamente unos 9 capítulos para terminar esta entrega, aunque el número puede variar según cómo de largos o de cortos salgan.
En cuanto a lo que vais a ver a continuación, primero disfrutaremos con uno de los dúos más queridos de la saga: Tarja y Angela. Nos encontraremos con que la morena se trae algo importante entre manos. Por otro lado, Johanna y Marco van a reencontrarse por fin después de tanto tiempo (!!!) Puede que el final os deje algo impactados, pero aun así espero que lo disfrutéis.
32.
-Hmm... aceite para masajes. Yo lo añadiría a la lista -sugirió Angela.
Tarja asintió para mostrar que estaba de acuerdo y tomó nota en un trozo de papel. Echó un vistazo a su lista de la compra de nuevo.
-La decoración está lista -murmuró- También tengo todo lo que necesito para el postre, velas aromáticas para el baño, aceite de masajes... ¡Ah, espera! ¡Se me olvidaba el queso! Creo que las quiches de espinacas estarán más ricas con salsa de queso.
-Me parecería una delicia si no fuera alérgica a las espinacas -comentó Angela con una media sonrisa burlona.
La finlandesa la golpeó en el brazo, juguetona, y arrancó la hoja de papel. Su amiga y vecina apoyó el codo en la mesa.
-¿Y cuál es el motivo? -preguntó mientras miraba alternativamente a la lista y a la mujer de ojos verdes.
-Seis meses juntas -contestó la morena.
-¿No lo celebráis siempre por todo lo alto sea el mes que sea?
-Esta vez va a ser aún más especial.
Antes de que Angela tuviera ocasión de interrogarla, Tarja ya se había levantado. Sacó uno de los libros de una estantería del salón y tanteó en el hueco hasta que encontró lo que buscaba. Después, volvió a colocar el libro en su sitio y le llevó la caja a Angela. La rubia alzó una ceja.
-¿Qué es eso?
En vez de decir una palabra, la finesa abrió la cajita. Los ojos azules de su amiga duplicaron su tamaño al verlo: un precioso anillo de oro.
-¡Oh dios mío! ¿Es en serio? -exclamó.
-Totalmente -asintió Tarja.
Una vez recuperada del shock inicial, Angela tragó saliva. Proponer matrimonio a alguien estaba bastante arriba en la lista de cosas que no se esperaba de la finlandesa, precedida sólo por acostarse con un hombre y volverse a Finlandia.
-Vaya... ¿no es un poco pronto, de todas formas? -preguntó- Sólo lleváis seis meses saliendo...
-Bueno, la primera vez estuvimos juntas casi un año -replicó Tarja al cerrar la cajita- Así que técnicamente no es tan pronto. Además, Liv y yo estamos muy enamoradas y nos conocemos bien. Así que creo que es bastante oportuno.
-Espero no parecer una aguafiestas, pero... ¿sabes que el matrimonio homosexual aquí no es legal, verdad?
-¡Estúpida Angela! ¡Claro que lo sé! -soltó una risilla- Es más como un símbolo, ¿sabes? Quiero decirle que quiero pasar el resto de mi vida con ella. Si no, siempre podemos pasar unos días en Connecticut -añadió con una sonrisita.
-Estoy empezando a plantearme seriamente si estás poseída o algo así -fue la reacción de Angela- ¿Estás segura de todo esto? Es tan... poco propio de ti.
-Sé que parece precipitado, pero creo que nadie me había hecho sentir tan segura. ¿Conoces esa especie de química instantánea cuando entiendes perfectamente a la otra persona con una simple mirada? ¿O cuando tienes la sensación de que ni siquiera el abrazo más fuerte es lo suficiente para sentirte cerca de ella?
-La única química que conozco es la que hay entre un botellín de cerveza y yo -bromeó la rubia.
Con los ojos en blanco, Tarja comprendió la indirecta y se dirigió a la cocina. Ella también tenía sed, así que no era una mala idea.
-Por cierto, ¿cómo te volviste tan ñoña? -se rió Angela mientras la seguía- Si esta chica te está lavando el cerebro, de veras creo que deberías replanteártelo.
-Idiota -la finesa entornó los ojos y cerró la nevera con un golpe de cadera- Eso no era ñoño, sino romántico -le entregó la botella a Angela- Y lo entenderías si alguna vez te permitieras ir a una segunda cita con alguien.
Con la parte inferior de la espalda apoyada contra una de las encimeras, la abogada le dedicó una sonrisa despreocupada. Bebió un sorbo de cerveza antes de defenderse.
-Oye, yo soy romántica. Sé que en una relación hay mucho más que sexo. También hay cenas gratis, regalos y la posibilidad de más sexo.
A duras penas fue capaz de terminar la frase sin echarse a reír. Tarja sacudió la cabeza y volvió al salón.
-Sabes que no lo decía en serio -Angela sonrió al sentarse de nuevo a la mesa en la que estaban- Creo que Liv es un encanto, así que si estás convencida, tenéis mi bendición. Sólo quería asegurarme de que no te estabas lanzando de cabeza.
-Gracias por preocuparte tanto.
-Nah, no te caeré tan bien cuando te empiece a mandar fotos de tailandesas buenorras para enseñarte lo que te estás perdiendo -le tomó el pelo la rubia.
Al ver el ceño fruncido de la finesa, que mostraba su confusión, Angela decidió explicarlo con más detalles. Se colocó unas ondas rubias detrás de la oreja.
-Ya sabes que estoy de vacaciones el mes que viene, y justo hoy me he comprado los billetes.
-Ah, ¿entonces este año toca Tailandia?
-Sí. Turismo sexual, ¡allá voy! -la abogada sonrió- Lástima que no puedas venir conmigo porque has decidido adoptar la monogamia.
-Me vas a tocar los huevos con esto toda mi vida, ¿verdad? -Tarja puso los ojos en blanco de broma y tomó un trago.
-Nop, sólo una semana más. Me voy el sábado que viene. Luego te librarás de mí durante un mes. Pero quiero que me cuentes todos los detalles de tu noche especial con Liv. Y si decides celebrar la boda al final, espero que no lo hagas sin mí.
No podía creerlo, pero había conseguido llegar en menos de diez minutos. De hecho, había conducido tan rápido que casi tuvo un accidente. Por suerte, el único efecto secundario de su emoción fue que unos cuantos le enseñaran el dedo.
Al fin, después de un mes entero sin saber de ella, al fin había recibido una llamada de Johanna. Marco no cabía en sí de alegría, no sólo porque se notaba mucho que estaba mejor, sino porque quería verlo. Así que nada más colgar, se fue directo al coche para ir a casa de Sharon, deseoso de ver a su chica.
Mientras echaba un vistazo al espejo retrovisor, se dio cuenta de que estaba sonriendo involuntariamente. En su mente, no podía dejar de imaginar cómo se desarrollaría todo. Seguramente lo saludaría con un abrazo y le pediría perdón por no haber llamado. Él le diría que entendía que lo había estado pasando fatal. Después le diría que lo echaba de menos y se besarían. Tras ponerse al día brevemente, iría a la habitación de invitados a recoger sus cosas para volver juntos a casa. Una vez allí, ninguno de los dos podría resistir la alegría del reencuentro y terminarían haciendo el amor apasionadamente, y se dirían lo mucho que se querían tras el clímax final. Luego se dormirían juntos, como en los viejos tiempos.
Se bajó del coche con el corazón acelerado. Ella estaba al otro lado de aquella puerta de madera. Ya podía ver su sonrisa y aquellos ojos verdes que lo miraban con amor. Emocionado, llamó al timbre. No tuvo que esperar ni tres segundos antes de que ella misma le abriera. Estaba claro que lo había estado esperando.
-¡Hola! -dijo ella.
-¡Hola! -respondió él con una gran sonrisa.
Y como había predicho, se abrazaron con fuerte. Al notar cómo le apoyaba la cabeza en el hombro, no pudo evitar sentir su aroma. Olía tan deliciosa como siempre.
Marco se alejó lentamente para darle un tierno beso. No obstante, la chica giró la cara, aparentemente en el último segundo. Él frunció el ceño. ¿Ocurriría algo?
-Sentémonos -dijo ella alegremente al tiempo que le tomaba la mano y lo guiaba hacia el sofá.
El sueco la siguió. A pesar de estar muy desconcertado por su reacción, no hizo ninguna pregunta. Asintió suavemente para demostrarle que estaba escuchando, y que podía empezar.
-Te he echado mucho de menos -comenzó ella, lo cual le arrancó una sonrisa- Siento no haberte llamado desde que me vine aquí, pero no quería hablarte hasta estar recuperada del todo. Al fin y al cabo, tú también has estado pasando por lo mismo, y lo último que necesitabas era oírme hablar del tema.
-No, no pasa nada. Te entiendo -repuso- Yo también te he echado de menos.
Entrelazó sus dedos con los de ella, con mucha ternura. Johanna no reaccionó ante el gesto. Se limitó a observar las manos y tragó saliva.
-Me alegra que estés mejor -Marco le estrujó la mano.
-Yo también.
Seguía con la vista fija en sus manos, pero su expresión tenía algo de triste. Lentamente, Marco le soltó la mano; se empezaba a preguntar si habría hecho algo malo. La chica habló antes de que pudiera decir nada.
-He estado pensando mucho en mi vida, Marco: en lo que quiero hacer, en lo que me hace feliz, en nosotros... Con todo lo que ha pasado últimamente, me he dado cuenta de que necesito algunos cambios.
Sintió que se le aceleraba el pulso. ¿Cambios? Eso no sonaba bien...
-No voy a volver a casa -prosiguió- Pero tampoco me voy a quedar aquí. Creo que necesito ser independiente. Verás, Cristina y tú sois adultos, así que siempre tengo la sensación de que cuidáis de mí. Es hora de estar en un sitio en el que nadie me proteja de cometer errores ni de vivir experiencias nuevas.
Respiró hondo. Marco entrecerró sus ojos azules, confuso. ¿De qué hablaba? Él siempre le había dado total libertad para hacer lo que quisiera.
-Creo que necesito estar con gente de mi edad. Este último año hemos hecho vida de casados. No he tenido la oportunidad de hacer nada alocado ni inmaduro en mucho tiempo. Por eso, he decidido mudarme a uno de los apartamentos del campus. Quiero saber cómo se vive con otros estudiantes.
Marco no podía creer lo que oía. En su mente, no tenía sentido. Puede que le llevase 19 años a Johanna, pero siempre se habían entendido a la perfección. A menudo decía que prefería a la gente mayor que ella en lugar de a sus compañeros, por ejemplo. ¿Por qué ese cambio de opinión? ¿Qué diferencia habría?
-¿Por qué? -quiso saber.
-Sé que suena raro -esta vez fue ella quien le tomó de las manos con una sonrisa reconfortante- Pero toda esta historia me ha abierto los ojos. Casi me convierto en madre, Marco. He estado a punto de dejar mi juventud atrás demasiado temprano. Eso me ha hecho pensar en lo que me podría estar perdiendo -le miró profundamente a los ojos- No es por ti. Eres el mejor hombre que he conocido y atesoraré todos los momentos que hemos pasado juntos. Sólo es que necesito explorar. La vida es demasiado corta para saltarse partes. Por supuesto, seguiremos siendo muy buenos amigos...
Así que estaba rompiendo con él. Parte de él se sentía como si lo hubieran apuñalado y estuviera sangrando. No obstante, no podía enfadarse con ella. Mientras procesaba todo lo que le había dicho, se dio cuenta de que la comprendía. Al fin y al cabo, tenía razón. Una joven estudiante en un país extranjero debería estar por ahí divirtiéndose con sus amigos, no relacionándose con un grupo de personas que ya habían pasado por todo lo que le podría resultar nuevo. Le dolía mucho dejarla marchar, pero tenía que hacerlo, por mucho que la quisiera.
-Te entiendo -asintió con seriedad, sin una sola muestra de dolor en su tranquilo rostro- Supongo que esto es un adiós...
-No es un adiós -corrigió ella- Como te he dicho, nuestra amistad es muy importante para mí, y no quiero perderla. Nos veremos antes de lo que imaginas.
-De acuerdo. Hasta pronto, entonces.
Sonriente, lo atrajo hacia sí y le dio un abrazo amistoso. Dijera lo que dijera, para él seguía pareciendo un adiós, así que hizo un esfuerzo sobrehumano por no perderse en su aroma esta vez. Se ha acabado, le decía una voz en su cabeza. Pronto se separó del abrazo, pues sabía que no sería buena idea quedarse en sus brazos más de lo necesario. Los amigos no hacen eso.
-Espero que te guste tu nuevo hogar -le dijo antes de salir por la puerta- Te deseo lo mejor.
-Yo también te deseo lo mejor -repitió ella- Nos vemos, Marco.
Se despidió de ella con la mano al salir. Ni enfado, ni drama, ni una sola mala reacción. Cabizbajo, se volvió al coche, sin dejar de mantener la calma en todo momento. Sólo mostró su dolor una vez dentro. Hundió la cara en el volante con los ojos muy cerrados. No hubo lágrimas, al menos no en el exterior. Suspiró con tristeza y abrió la guantera para echar una mirada a la cajita que escondía allí. ¿¡En qué diablos estaba pensando!? Sabía que sólo le haría sentir peor, así que dejó de mirar y lo cerró de nuevo antes de ponerse en marcha.
Cristina acababa de colgar la pancarta cuando oyó sonido de llaves en la puerta. Qué oportuna, pensó para sí misma sonriente. Bajó de un salto de la silla a la que se había subido, lista para gritar "¡Sorpresa!" al verlos entrar... Pero toda su emoción desapareció al verlo. Marco estaba sólo, no había rastro de Johanna. Además, enseguida supo que algo no iba bien. Y la confirmación le llegó al ver cómo se le ponían vidriosos los ojos al fijarse en la frase que colgaba por encima de ellos: "¡Bienvenida de nuevo, Johanna!" Lo interrogó con la mirada, y él se limitó a sacudir la cabeza.
-¡Lo siento mucho, Marco! -hizo un gesto de dolor.
Rápidamente, se volvió a subir a la silla y retiró la pancarta. El sueco se sentó en el sofá, destrozado.
-¿Qué te ha dicho? -preguntó Cristina con cuidado mientras se unía a él.
Antes de responder, respiró hondo, como si no tuviera energía para contar la historia. Al hablar, lo hizo con un hilo de voz, casi sin emoción. Aquello le dio escalofríos, pues era una clara señal de que estaba a punto de derrumbarse.
-Necesita espacio -narró- Se va a vivir al campus porque quiere estar con gente joven y explorar otras formas de vida.
-Ohh, entiendo -la italiana le acarició el brazo, amistosa- Supongo que necesitará un cambio de aires para olvidarlo todo.
-Eso es exactamente lo que ha dicho...
Siguió con la vista al frente y los brazos cruzados. A Cristina le pareció que intentaba protegerse. Dudó de si hacer la siguiente pregunta o no.
-¿Cómo te sientes?
Al fin, se volvió para verla. Su expresión no mostraba sentimiento alguno, pero estaba claro que por dentro estaba muy abatido.
-Supongo que debí imaginármelo -se limitó a decir- Después de todo el dolor que le he causado...
-No digas eso. Nada de eso fue culpa tuya. No la dejaste embarazada a propósito, ¿o sí?
-Lo sé -el rubio suspiró- Aun así, debí haber sabido que no duraría. Una chica joven y guapa, tan inteligente como ella, no debe estar con un transportista cuarentón y regordete.
-No te infravalores -Cristina frunció el entrecejo- Eres un hombre muy atractivo, y no eres ningún camionero estúpido, Marco. Sabes mucho del mundo porque has viajado y has experimentado muchas cosas por ti mismo.
-Eso no significa nada. Era demasiado buena para mí.
-¡No te atrevas a decir eso! -en ese momento, se dio cuenta de que el estereotipo de que los italianos son muy fogosos era verdad, a juzgar por el lenguaje corporal de Cristina y por lo alto que hablaba, apasionada- Johanna me cae muy bien, pero créeme, ella es la que sale perdiendo. Podrías aportarle muchísimo más que cualquier niñato de su edad, y seguro que lo hiciste. Seguramente sólo esté confusa y necesite tiempo para aclararse. No te culpes.
-Aun así, no pude darle apoyo cuando más me necesitaba...
Una lágrima solitaria acababa de empezar a caer por su mejilla. El corazón de Cristina se derritió al verla. Perder a su hijo y a la mujer a la que amaba en apenas dos meses... Quería abrazarlo, decirle que nada de eso era culpa suya.
-Hiciste lo que podías.
-Y no fue suficiente -suspiró él- No intentes animarme, Cristina. Fui un estúpido por creer que las cosas funcionarían entre nosotros. Tenemos necesidades diferentes -se volvió para mirarla, y el tono rojizo de su cara casi le hizo llorar- ¿Quieres saber algo ridículo? Le compré un anillo. Iba a pedirle que se casara conmigo en el coche una vez hubiéramos metido sus cosas en el maletero. De hecho, iba a pedirle matrimonio después del viaje, pero decidí dejarlo para más adelante por lo del aborto. Pensé que no era el momento adecuado. ¡Pues claro que no lo era! ¡Ni lo será!
Siempre había sabido que él quería a Johanna, pero no se dio cuenta de cuánto la amaba hasta ese momento. Aunque entendía por qué la chica necesitaba alejarse, si hubiera estado allí, le hubiera gritado por romperle el corazón a ese pobre hombre.
-Eso no es ridículo -murmuró- Yo creo que es muy bonito. Sinceramente, Johanna no sabe lo que ha dejado escapar. Muchas mujeres morirían por tener a alguien como tú.
-¿Un llorón idiota desesperado por hacer las cosas antes de que sea demasiado tarde? -dijo él con una sonrisa irónica.
-No. Un hombre sensible y cariñoso que haría cualquier cosa para que la mujer a la que ama se sienta especial. Ah, y por si te lo preguntabas, no lo digo por animarte. Realmente te veo así, Marco.
Por un momento, el sueco pareció olvidar el dolor. Entrecerró los ojos en y miró a Cristina; no con enfado, sino como examinándola. Ella no se sintió intimidada en absoluto; mantuvo el contacto visual, y le dedicó una sonrisa que no supo descifrar. De repente, la vio bajo una nueva luz. Como un imán, su cara se fue acercando más y más a la de ella, y resultó ser mutuo. Y aquel fue el primero beso que se dieron, pero no sería el último...
23, dic | 2 comentarios lowlands En: El Maravilloso Mundo de la Ficción compártelo Tags: deseos internos, rpf, fanfiction, angst, romance
Deseos Internos III: Capítulo XXXI
Llevo tiempo sin actualizar, así que espero que aún recordéis dónde lo dejamos ;) Continuamos con la trama central de esta tercera entrega: la historia de Marco y Johanna. En este caso, le toca de nuevo a ella, y sabremos cómo va evolucionando.
31.
El cielo aún era de un naranja fuerte, casi rojo. Era muy temprano y el aire frío le pinchaba las partes descubiertas de su cuerpo. Pero pronto entraría en calor. Johanna intentó recordar cuándo había salido a correr por última vez. Le gustaba hacerlo un par de veces por semana, pero entre el embarazo y la depresión, se había visto obligada a parar.
Se acordaba de que había sido un par de semanas después de su cumpleaños, a mediados de la primavera. No hacía mucho calor, así que había salido a correr por la tarde. Sin embargo, el fuerte calor veraniego había hecho que Flo y ella tuvieran que escoger una hora diferente: ¡no llegaba ni a las nueve de la mañana! Antes de estirar las piernas, Johanna no pudo reprimir un bostezo.
-Dime si te cansas mucho, ¿de acuerdo? -le dijo Flo.
La pelirroja asintió y ambas se pusieron en marcha. Pronto, la más alta le sacó unos metros de ventaja. Al escuchar de refilón la música fuerte y agresiva que provenía del iPod de Flo, no le pareció sorprendente que fuera tan rápido. La giganta se detuvo un poco después y se volvió hacia ella con una sonrisa avergonzada.
-Perdón, no estoy acostumbrada a hacer esto con compañía -explicó- Normalmente lo que hago es correr lo más rápido que puedo y ver cuánto tiempo aguanto. Pero intentaré seguir tu ritmo.
-No, no pasa nada. Puedes seguir a lo tuyo -dijo Johanna- Antes corría más rápido, pero ya sabes, estoy un poco desentrenada...
-Es normal. Cuesta un poco volver a acostumbrarse.
Nada más decirlo, Flo apagó el iPod, enrolló el cable de los auriculares y se lo guardó en el bolsillo.
-Vamos juntas. A mí no me cuesta nada.
No quería que Johanna se sintiera agobiada ni inferior. Pero aparte de eso, creyó que podría ser un buen momento para charlar con la joven. La pelirroja parecía estar mejorando. Ahora que empezaba a ser ella misma, tenía ganas de conocerla.
Ambas dieron un par de vueltas juntas. Tenían todo el parque para ellas solas, pues probablemente casi nadie estaría aún levantando en un día de verano tan ocioso. Tras no haber hecho ejercicio en varias semanas, además de la conversación, Johanna enseguida se quedó sin aliento. Se disculpó y se sentó en un banco mientras Flo continuaba un rato más, esta vez a su ritmo y con música. Su coleta castaña daba bandazos de un lado a otro. Johanna no pudo reprimir una sonrisa al verla, pensando en qué banda sonora la acompañaba. Se la imaginaba perfectamente haciendo headbanging en algún concierto.
Flo decidió parar después de unas cuatro vueltas más. Se la veía cansada pero satisfecha, como si aquello le sirviera para quitarse el estrés. Tenía la cara tan colorada que era casi morada, y aquello tenía un extraño en canto.
-Vale, estoy lista -anunció sin aliento- ¿Y si vamos dando un paseo hasta casa?
-Vale -Johanna asintió y se puso en pie.
El día se había vuelto más cálido y ya no estaban solas en la zona. La ciudad parecía empezar a despertarse. Flo se secó el sudor de debajo del flequillo y dio un trago a su botellita de agua.
-Si te digo la verdad, yo también llevo un tiempo sin salir a correr -confesó- Las cosas han estado muy movidas últimamente, así que apenas he tenido tiempo. Lo necesitaba.
-Sí, es curioso cómo estas cosas te hacen sentir libre -comentó Johanna- Yo voy mucho al gimnasio durante el curso. Me ayuda mucho a relajarme.
-¿Qué haces?
-Hmm... principalmente spinning o aerobic, pero también me gusta bailar.
-¡Puaj, bailar! -Flo hizo una mueca- ¡Ni me lo nombres! Fui bailarina cuando tenía... bueno, un par de años menos que tú, y lo odiaba.
-Sí, ya me lo contó Sharon. De hecho, me enseñó fotos vuestras.
-¡Dios, no! -no se sabía si Flo se había sonrojado o no, pues aún tenía la cara colorada, pero estaba claro que estaba avergonzada.
-¡Venga ya, no estabas tan mal! -sonrió Johanna- Teníais pinta de frescas, pero tú tienes un cuerpo para lucir.
-Esa ropa me quedaba fatal, si es que se la puede llamar ropa. Es que no me queda nada bien. Ya me siento rara cuando llevo vestidos normales...
-Sí, bueno, yo también llevo vestidos muy a menudo. Sólo en verano. Cuando voy a trabajar o a clase, prefiero estar cómoda.
-Te entiendo. Yo siento que no soy yo misma cuando llevo vestidos y faldas, ¿sabes? He intentado ser femenina, pero está claro que no valgo para ello.
Johanna miró a Flo de arriba a abajo. Incluso con camiseta y pantalones cortos resultaba atractiva.
-A mí no me pareces nada masculina -dijo- De hecho, es una estupidez pensar que las mujeres tienen que llevar maquillaje todos los días y...
Johanna dejó la frase sin terminar. A unos pocos metros de ellas, una mujer paseaba a su bebé en un cochecito. Era joven, quizás como máximo cinco años mayor que ella. Como hipnotizada, clavó la mirada en el bebé. Era un niño perfecto y sano. Los siguió con la vista al pasar junto a ellos. El tiempo se paró. Como un eco en su cabeza, oía a Flo decir algo, pero no entendía lo que decía. De repente, se echó a llorar.
-Lo siento -sorbió con la nariz.
A primera vista, Flo no sabía qué mosca le había picado a su joven compañera. Después vio a la madre que se alejaba y lo entendió de inmediato. Había conocido a muchos deprimidos antes y sabía que en determinadas fases les afecta hasta lo más mínimo. Suavemente, guió a Johanna a un banco cercano. Antes de hablar o de tocarla, le dejó algo de espacio y un momento para llorar todo lo que necesitase.
-Lo siento... no... puedo evitarlo -dijo entre hipos.
-No pasa nada -Flo le colocó un brazo en la espalda para consolarla.
-Ojalá pudiera ser ella...
-¿Pero por qué?
La pelirroja frunció el ceño. No parecía entender lo que quería decir Flo con eso. De hecho, daba la impresión de que estuviera ofendida.
-Tiene un niño precioso. La mía murió. ¿Cómo no voy a estar celosa?
A Flo le costó enormemente reprimir un resoplido. Se consideraba una persona sensible y comprensiva. No obstante, aquello era demasiado para ella.
-Bueno... ¿tal vez porque tienes una vida?
Los ojos verdes de la joven se convirtieron en signos de interrogación.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Mira, Johanna, sé que perder a alguien querido es un gran trauma. Pero parece que no has escuchado nada de lo que te he dicho -suspiró- No es el fin del mundo. Entiendo que aún te estás recuperando, así que todo parece recordarte lo que pasó. Pero por favor, hay mucho más que eso en la vida. Podría darte mil razones para ser feliz, y estoy segura de que son muchas más que las que tienes para estar triste.
-Es que tú no lo entiendes -protestó la austríaca- ¿Te ha pasado algo así alguna vez? ¡Entonces no intentes darme consejos!
Flo puso los ojos en blanco. Era una mujer paciente, pero su necesidad de ayudar a los que le importaban era demasiado fuerte. Además, pocas cosas le molestaban tanto como que aquellos a los que quería ayudar rechazasen sus esfuerzos.
-¿No se te ha ocurrido que a lo mejor no era el momento adecuado? -estalló.
-No existen momentos adecuados ni inadecuados -replicó Johanna débilmente.
-En serio, Johanna, ¿de verdad querrías renunciar a todo lo que te ha costado tanto trabajo toda tu vida por un accidente?
Su interlocutora se deslizó hacia el lado contrario del banco, impactada por sus palabras. Flo se soltó el pelo y respiró hondo antes de continuar. Había un motivo por el que ese tema en particular le afectaba tanto. Sin embargo, decidió tranquilizarse para explicarlo de forma coherente.
-¿Te he hablado alguna vez de mi mejor amiga de la infancia? -preguntó con más suavidad. Johanna sacudió la cabeza- Se llamaba Alissa. Era una chica genial: siempre sacaba dieces, era guapa, buena amiga, divertida... Cuando teníamos diecisiete años, empezó a salir con un chico... Ya no me acuerdo de cómo se llamaba. El caso es que unos meses después de empezar con él, se quedó embarazada. Su familia era bastante conservadora, así que decidió casarse con él y tener el bebé. No pudo graduarse porque su hijo nació en mitad del semestre y le costaba mucho llevar los estudios al día y cuidarlo. Su marido también tuvo que dejar de estudiar y empezó a trabajar. No nos vimos durante unos meses, pero parecían felices, así que no me preocupé. Después, como un año después, me llamó llorando en mitad de la noche. Al parecer, su novio no soportaba más la presión y habían roto. Así que estaba sola con un niño, sin trabajo y sin dinero a los dieciocho. Mis padres dejaron que se quedasen con nosotros un par de semanas, y luego se fue a vivir con sus padres hasta que su hijo empezó el colegio -la giganta hizo una pausa y miró de nuevo a Johanna- Antes de que le pasase todo esto, quería estudiar Medicina en Nueva York. Seguramente le habrían dado beca porque era un cerebro. En lugar de eso, tuvo que conformarse con un trabajo como el de Sharon y un piso pequeño para ella y su hijo en el pueblo para no estar lejos de sus padres por si necesitaba algo.
-Pero eso no me habría pasado a mí -repuso la austríaca- Marco estaba deseando tener un hijo. Me habría ayudado.
-No tengo ninguna duda de que así sería. Lo que quiero decir es que tener un hijo demasiado joven puede arruinarte la vida. Un bebé es una gran responsabilidad. ¿Tienes una idea de lo que te perderías si tuvieras uno?
-Bueno, tener un buen trabajo no lo es todo...
-No me refiero sólo a lo profesional -contradijo Flo- Te hablo de salir con tus amigos, aprender cosas nuevas, viajar... Por ejemplo, aunque Alissa dejase a su hijo con sus padres, casi nunca quería ir de fiesta con nosotras porque sabía que al día siguiente estaría demasiado cansada. Eso la acabó aislando del grupo de amigas. Ahora imagínate que hubieras tenido el bebé. Habrías estado todo el tiempo en casa, escribiendo la tesis o cuidándolo. Durante un año, apenas verías a tus amigos aparte de Marco y Cristina mientras siguiera viviendo con vosotros. Por supuesto, Sharon y yo habríamos hecho de canguros encantadas si nos necesitases, al igual que todos los demás. De todos modos, tu vida giraría en torno a tu hijo. A lo mejor en vez de ser guía de museo, como tú querías, tendrías que ser profesora de Arte porque el horario te conviene más o simplemente porque necesitas el dinero. A lo mejor no podrías hacer noches de cine con Sharon los viernes porque al día siguiente tienes que llevar a tu hijo a jugar a fútbol y Marco está fuera el fin de semana.
-Siempre hay que sacrificar cosas por las personas a las que quieres -Johanna se encogió de hombros.
-Cielo, ¿tienes idea de cuántas cosas vas a tener que sacrificar en la vida? -Flo le tomó las manos. En sus ojos había una chispa apasionada- ¡Ya tendrás tiempo cuando seas mayor! ¿Por qué no intentas disfrutar de tu juventud mientras puedes? Sharon siempre habla de lo madura y responsable que eres. Eso es algo muy bueno, pero no exageres, ¿vale? Sólo tienes veintiuno, ¡no vivas como si tuvieras cuarenta!
-¡No vivo como si tuviera cuarenta! -frunció el ceño.
-¿Ah, no? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste de fiesta con tus amigos hasta el amanecer? ¿O cuánto tiempo hace que no vas de viaje sólo por diversión? Puedes ver esta pérdida como una situación horrible y deprimente o como una segunda oportunidad. Es el momento de disfrutar de tu libertad y hacer todo lo que siempre te ha apetecido. Si de verdad quieres tener hijos, ya lo harás cuando llegue el momento. Hasta entonces... ¡vive la vida!
22, dic | 2 comentarios lowlands En: El Maravilloso Mundo de la Ficción compártelo Tags: deseos internos, rpf, fanfiction, angst, romance
Nuevas historias, nuevo título
Como ya habréis observado, le he cambiado el nombre al blog. Lo de "Estudiante Desesperada" ya no tenía mucho sentido, así que era hora de darle un nuevo título a este rincón. Quería algo que no fuera muy estereotipado del rollo "Simplemente yo" ni nada que sonase exageradamente místico, pues me parecería hipócrita (en serio, con lo desenfadada que es mi forma de escribir a no ser que sea ficción, sería como hacerle publicidad engañosa). Por eso, me terminé decidiendo por algo muy sencillo: un juego de palabras entre una de mis canciones favoritas y el nombre que he ido haciendo mío con el paso del tiempo. A ello se le une una nueva categoría, donde iré metiendo los nuevos posts personales de ahora en adelante, "Historias Nymkateamínicas".
A los que estáis en España, disfrutad del día libre. Y a los que no, os deseo igualmente un feliz día ;)
8, dic | sin comentarios lowlands En: Historias nymkateamínicas compártelo Tags: aviso, blog, novedades, personal
... y la nómada decidió asentarse
Actualización sobre los capítulos más recientes de mi vida
Llevaba tiempo queriendo publicar esto, pero me daba mucha pereza. Así que hoy he decidido aprovechar que no puedo hablar porque estoy casi afónica para comunicarme de otra manera.
Aunque llevo siglos sin escribir nada personal, debo decir que ha habido unos cuantos cambios en mi vida. El principal es que al fin me he decidido a superar uno de mis mayores temores: ya no soy estudiante. Por cierto, debería cambiar el título de este blog, así que si alguien tiene una sugerencia... Tras terminar el máster en junio (que salió mejor de lo que esperaba), sólo estaba segura de una cosa. Hiciera lo que hiciera, quería seguir en Salamanca. Y había dos motivos por los que quería quedarme: mis grupos y mi amor (en serio, no podría soportar otra relación a distancia de mierda).
Por supuesto, eso suponía buscar trabajo (Pánico número 2), lo cual pasé medio verano haciendo. Estaba abierta a cualquier cosa que no me quitase mucho tiempo y cuyo horario me diera la oportunidad de ir a los ensayos. Lo único que me importaba era conseguir dinero suficiente para no sangrar demasiado a mis padres. Durante unas semanas trabajé de teleoperadora. El trabajo y el ambiente en la oficina daban asco, pero al menos conseguí una cantidad de dinero bastante decente. Si he de ser sincera, el día que me llamaron para decirme que estaba despedida fui muy feliz.

De hecho, dejar aquel trabajo me dio la oportunidad de centrarme en mi principal opción profesional aparte de las artes: la enseñanza. A finales de verano empecé a dar clases de alemán en una academia privada, lo cual aún sigue siendo mi principal ocupación. Ahora mismo doy clases de inglés y alemán en tres sitios distintos: una academia, un colegio y mi propia casa.
Por cierto, eso me lleva a lo siguiente. Sí, he vuelto a mudarme a otro piso. Mi habitación es preciosa, la situación no podría ser mejor y no tengo caseros odiosos por ahí pululando e imponiendo reglas absurdas ni compañeras de piso dictatoriales que me arruinen la fiesta. ¡Como veis, no puedo quejarme de mi vida ahora mismo! Si no se tiene en cuenta el resultado de las últimas elecciones ¡Y cruzo los dedos porque todo siga así!
En cuanto a los grupos, que es lo que seguramente estábais esperando, todo va sobre ruedas. Al final decidí dejar Northern Light porque sentía que no pintaba nada allí. No me gusta mucho el black metal y se me da de pena tocar el teclado no es lo mío, así que era mejor dejarlo y darles la oportunidad de encontrar a alguien con talento e interés por el género. La buena noticia es que me he unido a un nuevo proyecto además de Ohne Seele. El grupo se llama StarShade y hace rock/metal sinfónico, con influencia de grupos como Nightwish, Delain o After Forever. En otras palabras, mi sueño hecho realidad :D Y lo mejor de todo es que componemos nuestros propios temas, lo cual siempre es más especial que hacer versiones.
Ohne Seele, por su parte, ha evolucionado considerablemente. Estamos trabajando en un par de temas propios, y nuestro repertorio de covers ya asciende a SIETE canciones. Por problemas personales, nuestra batería dejó el grupo el verano pasado, pero el nuevo es FANTÁSTICO. Hace dos semanas al fin tuvimos la oportunidad de dar un concierto en el que tocamos cinco canciones, y al público pareció gustarle a juzgar por la cantidad de críticas positivas que recibimos. Por desgracia, aún no tengo buenos videos, pero ya estamos planeando abrir una página de MySpace en cuanto esté terminada y arreglada la grabación de nuestro primer tema ("Nymphetamine", de Cradle of Filth con Liv Kristine).


Aún seguimos sin bajista, así que Bárbara de StarShade subió a tocar un par de canciones con nosotros en el concierto, como veis en las fotos. (Por cierto, si conocéis algún bajista en Salamanca, que corra la voz). De todos modos, espero poder mostraros pronto cómo sonamos :)
Por ahora, creo que ésas son las principales novedades. Aparte de eso, os debo una entrada sobre las vacaciones en el lago y comentarios personales de temática diversa. Ah, un momento, se me olvidaba algo...

Éste es mi regalo de cumpleaños de este año. ¡Bienvenido a la familia, Beethoven Oreo! =)
27, nov | sin comentarios lowlands En: Historias nymkateamínicas compártelo Tags: musica, metal, novedades, personal, salamanca
Deseos Internos III: Capítulo XXX
Por desgracia, los misterios del capítulo anterior no se resolverán en éste :P Ahora le toca el turno a Marco. Imagino que querréis saber cómo lleva nuestro sueco favorito lo de perder a su hijo y además estar temporalmente separado de su amor... lo bueno de todo es que va a encontrar un apoyo muy importante.
30.
Al notar que los tacones se le quedaban pegados al suelo de madera, Cristina sonrió. Ése era uno de los motivos por los que le encantaba el local. Era un auténtico pub irlandés. Salvo por las peleas, no faltaba ni un solo detalle: música en vivo, bancos, buen alcohol, poca luz, un poco de suciedad... Le recordaba tanto a su estancia en Irlanda que le era imposible seguir enfadada o deprimida al poner un pie allí. Ahora rezaba porque a Marco le pasase igual. Gracias a su tamaño, consiguió colarse rápidamente entre la gente y guiar a Marco, al que llevaba de la mano, hasta su mesa favorita. Necesitaban estar lejos del guitarrista que tocaba aquella noche para poder hablar con calma mientras disfrutaban de una buena pinta de Guiness, pero también poder tener una panorámica del ambiente que allí reinaba.
Hacía dos semanas que Johanna se había ido del piso, y sólo habían tenido noticias suyas a través de Sharon o de su novia. Según su última conversación con la holandesa, su joven amiga se recuperaba poco a poco. Días antes, Alex había llamado a la puerta, pero se fue nada más saber que Johanna no estaba. Al parecer, había ido allí para animar a la pelirroja. Las llamadas de Sharon eran más bien informes sobre el estado de Johanna. No recordaba haberla oído preguntar cómo estaba Marco más de dos veces. Y la situación era muy parecida con los demás amigos. Por eso, la italiana no podía evitar preguntarse: ¿y qué pasa con Marco?
Por supuesto, entendía que todos se preocupasen por Johanna, y no le parecía en absoluto excesivo. Si ella misma hubiera estado en la piel de la joven, imaginaba que en una situación tan dramática de su vida necesitaría hablar con alguien constantemente. No obstante, le parecía que no era justo para Marco. ¿Es que acaso él no estaba pasando por lo mismo? Puede que aparentase ser el más fuerte, pero ella sabía que por dentro estaba destrozado. Lo más seguro era que muy pocos supieran lo que suponía todo aquello para él. Y ella consideraba que su caso era aún peor: se veía obligado a enfrentarse a todo ello solo, sin la mujer a la que amaba a su lado. Al ver que nadie se daba cuenta, decidió que ocuparse del sueco sería tarea suya. Al fin, cuando sus respectivos horarios lo permitieron, tomó la iniciativa.
-Bonito sitio, ¿eh? -comentó sonriente mientras le deslizaba su pinta por encima de la mesa.
No sin antes probarla, Marco miró a su alrededor y asintió.
-Sí, está bien -dijo.
La morenita se sentó junto a él y bebió. Mientras tanto, buscó la manera de encaminar la conversación hacia donde ella quería.
-¿Sabes? Es una lástima que todavía no hayamos salido de fiesta los tres compañeros de piso juntos. Sé que a vosotros os encanta salir.
Un suspiro de tristeza escapó de los labios del rubio. ¿Por qué no podían ser las cosas como antes? Sharon, Johanna y él viviendo juntos y pasándolo bien todo el tiempo. Bueno, Cristina también valía. Ahora le preocupaba que el único sitio al que pudieran salir con Johanna fuera el hospital. Se limitó a asentir.
-Algún día me tenéis que llevar a algún sitio que os guste -continuó Cristina- Mis amigos y yo siempre vamos a los mismos bares, así que nunca probamos cosas nuevas. Acaba haciéndose aburrido.
Marco no parecía tener nada que contestar a eso. En respuesta a las pocas frases siguientes, tan sólo asintió o respondió con un "sí", "no" o "no lo sé". Empezaba a ser frustrante. Cristina era muy buena conversadora, pero no estaba allí para hablar esa noche. Quería adoptar el papel de oyente. Se le ocurrió que tal vez tendría que ser ella quien sacara el tema si Marco no reaccionaba. Se sentía fatal por hacerlo, pero sabía que seguramente no hubiera otro modo.
-Verás, Marco -bajó la voz y se puso seria- Debo confesarte algo. Te he traído aquí con segundas intenciones. Creo que deberíamos hablar de lo que os ha pasado a ti y a Johanna.
Su cara se convirtió en un gran signo de interrogación. Ella se lamió los restos de Guiness que le quedaban en los labios antes de proseguir.
-Pensé que te vendría bien hablarlo con alguien. Cuando pasan cosas como esta, no es bueno guardárselo todo para uno mismo.
Una vez más, él suspiró. Después de todo, probablemente no le era nada fácil.
-Tú estabas allí todo el tiempo. ¿Qué hay que hablar? -reaccionó.
-Lo que quieras. Sólo quiero que sepas que no tienes por qué sufrirlo en silencio.
-Vale. ¿O sea, que quieres hacerme de psicóloga?
-No. Sólo quiero ser buena amiga. Últimamente es como si todo girase en torno a Johanna: cómo está, qué necesita, qué quiere... Bueno, ¿y qué pasa contigo? Tú también estás pasando por algo muy duro, y es como si ni siquiera se te permitiera hablar... o llorar, si lo necesitases.
-¡Claro que no puedo llorar! Yo soy su apoyo.
-Pero ella ya no está -observó Cristina con las cejas alzadas- Además, ya tiene suficientes hombros en los que llorar. Ya es hora de que tú también tengas uno.
-¿Y de qué iba a servir? -se le notaba el cansancio en la voz- ¿Es que cambiaría algo si me pusiera a decirte lo destrozado que estoy por haber perdido mi gran oportunidad?
Se apoyó la frente en la mano. Aunque seguía sin hablar, Cristina veía que empezaba a derrumbarse. No esperaba que sucediera tan rápido, lo cual le hizo pensar que probablemente necesitase esa conversación más de lo que él mismo creía. El sueco respiró hondo varias veces. Al fin, dio un trago más largo de Guiness y dijo:
-Lo siento, sé que sólo intentas ayudar. Es que... no estoy acostumbrado a hablar de cosas personales.
-No pasa nada -ella le acarició el brazo con dulzura- No hace falta hablar si no quieres.
-Sí que quiero. Sólo que... es algo nuevo para mí, ¿sabes? Ya sabes lo que se dice de nosotros los tíos: que no se nos da bien eso de expresarnos -añadió con una media sonrisa- Me temo que no es un mero estereotipo.
-No importa -asintió Cristina- Simplemente di lo que necesites decir y yo te escucharé.
El rubio se encogió de hombros. Tenía la mirada clavada en el vaso y sus dedos jugueteaban con el canto.
-Nunca sé qué decir en estos casos.
-Podrías empezar por explicarme qué es eso de perder tu gran oportunidad...
Al oír aquella sugerencia, levantó la vista de la bebida. Habría jurado que sus ojos azules empezaban a llenarse de lágrimas.
-Verás, desde que fui lo bastante mayor como para comprender que las mujeres no son sólo pedazos de carne pegados a un par de tetas, he soñado con formar una familia. Durante muchos años he esperado encontrar una chica a la que llamar la madre de mis hijos. Pero nunca he tenido mucha suerte en eso. O bien las relaciones no salían bien y duraban demasiado poco como para planteárselo o las mujeres con las que estaba no tenían interés en ello -hizo una pausa- Este año he cumplido cuarenta. Ya había perdido toda esperanza, y de repente Johanna va y se queda embarazada. Como caída del cielo.
Con rostro serio, Cristina escuchó con atención. Asintió para darle a entender que podía seguir.
-Pero, por supuesto, no podía decírselo a ella -prosiguió él- ¡Es tan joven! Algo así es demasiada responsabilidad para ella. Ni siquiera estaba segura de querer tener el bebé. ¿Cómo iba a decirle que siempre había querido ser padre, entonces? No quería presionarla aún más. Imagínate mi alegría cuando decidió tenerlo.
-Te comprendo -comentó ella- Bueno, yo nunca he sentido esa necesidad de ser madre, pero imagino lo mucho que significa para ti.
-Bueno, eres joven. Supongo que la necesidad aparece a partir de cierta edad.
Cristina no pudo evitar echarse a reír por el comentario.
-¿Cuántos años me echas, Marco?
La miró de arriba a abajo, y le era imposible calcularle la edad. A juzgar por lo que acababa de decir, tenía que ser mayor de lo que aparentaba... pero su manera de vestir y su actitud le daban un aire muy juvenil. En aquel momento, se dio cuenta de que había muchas cosas que no sabía de su compañera de piso.
-No sé... treinta y... ¿dos? -intentó adivinar.
-Me siento halagada -sonrió- Tengo treinta y siete años, aunque nadie me crea cuando lo digo.
Obviamente, él no era ninguna excepción. Por un momento, pareció dejar atrás el dolor y simplemente se sorprendió. Aquella reacción le arrancó una sonrisa. Desde luego, era halagador.
-No eres viejo, Marco -le dijo- O si no me pondré a llorar, pues yo también me voy acercando a los cuarenta. De todos modos, lo que quiero decir es que no deberías preocuparte tanto por ello. Puedes estar seguro de que tendrás más oportunidades de ser padre.
-Lo sé... o al menos lo espero -suspiró.
-Tal vez tengas que esperar un tiempo. Es decir, me imagino que tanto tú como Johanna necesitaréis tiempo para recuperaros del aborto antes de volver a intentarlo.
-¿Ves? Ésa es otra. Me preocupa que Johanna tenga demasiado miedo y no quiera volver a intentarlo. A mí no me importaría esperar mil años si es necesario, pero no sé qué pensará ella. Ni siquiera sé lo que siente por mí ahora mismo.
La italiana frunció el ceño. Tragó el sorbo que tenía en la boca e inquirió:
-¿Por qué lo dices?
-Bueno, se fue, ¿no? -contestó él- Prometió que volvería pronto, pero no dijo cuándo. ¿Y si no vuelve nunca?
-Se os veía muy unidos -afirmó Cristina- No se ha ido para siempre. Sé que yo no estaba allí cuando tomasteis la decisión, pero estoy convencida de que entiendo sus motivos para irse. No fue porque no quisiera estar contigo. Todavía te sigue queriendo, y de eso sí que estoy segura. De hecho, me atrevería a decir que se fue precisamente para no arrastrarte al abismo con ella. Sólo necesita tiempo.
Mientras calibraba todo lo que le había dicho, Marco se dio cuenta de que su compañera de piso no era en absoluto lo que parecía. Estaba acostumbrado a verla como la chica bulliciosa y despistada de al lado, y nada más. Jamás hubiera imaginado que fuera tan profunda y se le diera tan bien calar a la gente. Por no hablar de que no esperaba que se preocupase tanto por él. Era una sorpresa muy agradable. Desde luego, merecía la pena conocerla algo mejor...
-¿Sabes, Cristina? Tenías razón -dijo- Me siento mejor. Gracias.
-No se merecen -ella le guiñó un ojo y se terminó la pinta.
A pesar de lo que acababa de decir, había hecho más por él de lo que creía. Así que debía buscar la manera de agradecérselo. Al ver que tenía el vaso vacío, se le ocurrió una idea.
-A la próxima ronda invito yo -se puso en pie.
24, nov | 2 comentarios lowlands En: El Maravilloso Mundo de la Ficción compártelo Tags: deseos internos, rpf, fanfiction, angst, romance
